La samaritana oaxaqueña

Dice la Biblia en Juan 4: 27

“En esto vinieron sus discípulos y se maravillaron de que hablaba con una mujer…”.

Cuando Jesús desarrolló su ministerio la posición social de la mujer era realmente marginal. Las judías eran vistas como poca cosa, pero una gentil era casi una paria. Una de las muchas oraciones que los hebreos de esa época hacían era la siguiente: “Señor, te doy gracias porque no me hiciste gentil, ni perro, ni mujer.”

Por eso los doce apóstoles se maravillaron cuando encontraron a Jesús hablando con una mujer samaritana. Su sorpresa fue mayúscula por dos razones: 1. Era una gentil, es decir una pagana o no judía y además 2. Era samaritana, una nación mitad gentil y mitad hebrea que los israelitas despreciaban encarnizadamente.

De hecho uno de sus insultos favoritos entre ellos era decirse precisamente samaritano o samaritana, gentilicio que procede de la palabra Samaria, pueblo colindante con Judea.

Pero el reino de los cielos que Jesús proclama la mujer tiene la misma importancia, independientemente de su condición étnica o social. Y aún independientemente de su moral. La samaritana había tenido cinco esposos y cuando Jesús habló con ella vivía con el sexto. En esa época como hoy una mujer así, sólo merecería desprecio.

Pero para el Señor esta mujer tenía la misma necesidad que tienen los hombres, requería conocer la verdad para resolver la insatisfacción de su ser interior y la única manera de lograrlo era aceptar en su vida las enseñanzas, promesas y demandas de Jesús.

La samaritana, que por cierto hoy se recuerda en la ciudad de Oaxaca, como parte de una como costumbre de regalar agua de sabor en plazas públicas, mercados, escuelas, edificios públicos, tiendas y casas particulares, nos recuerda, además de la importancia de todas las mujeres, la importancia de verlas siempre con compasión y bondad.

Los discípulos de Cristo fueron confrontados con esta nueva verdad: la mujer es importante para el corazón de Dios y nadie debe socavar o restarle importancia, por el contrario al tratarlas se debe hacer con toda comprensión y sabiendo que al igual que los hombres necesitan de un Salvador.

Mientras Jesús hablaba con la samaritana, el corazón de sus seguidores fue impactado, como siempre será impactante encontrar personas, hombres o mujeres, que le den el lugar que la mujer se merece siempre.

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