Estudio con devoción

Dice la Biblia en Salmos 119:99

“Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación.”

El estudio de la Escritura tiene una gran virtud: una vez iniciado nunca concluye. A diferencia de otras materias, la Biblia es un libro que es inagotable cuando se toma como libro de cabecera en la vida de las personas, al estudiarlo siempre podremos afirmar “lo que sabemos es una gota; lo que ignoramos un océano.”

En el estudio de la palabra de Dios hay un inicio, pero nunca un final. Una vez comenzado se adentra uno a mar de conceptos, ideas, pensamientos y reflexiones que nos llevan a toda clase de conocimiento desde zoología, pasando por la poesía y terminando en la profecía, por mencionar tres materias de miles de temas.

Una sola palabra o una sola frase nos pueden conducir por caminos insondables. Un personajes bíblico puede despertar en nosotros toda clase de preguntas y lo más importante es que no importa cuántas veces se haya leído la Biblia, siempre te sorprenderá.

Esa es la experiencia del salmista una vez que aprendió a estudiar la Biblia se dedicó con tanto ahínco a su reflexión que llegó un punto en el que lo aprendido a sus maestros lo superó con creces en razón de un hecho: tomó la revelación de Dios como parte cotidiana de sus reflexiones.

Es interesante notar que la palabra hebrea para “meditación” es “sichah” que se utiliza tres veces en el Antiguo Testamento y se puede traducir como estudio en el sentido de aprendizaje, pero no cualquier clase de estudio o aprendizaje, sino esa clase de estudio que se hace con dedicación, casi, casi con devoción.

No para competir por saber quien sabe más, sino para obedecer a Dios. En el caso del estudio de la Biblia, cuando se plantea como una competencia por conocer quien sabe más pierde absolutamente todo su sentido porque el conocimiento envanece a su poseedor y ese jamás será el sentido con el que Dios nos dio su palabra.

Ni para envanecerse, ni para humillar a los demás, sino el estudio dedicado y comprometido porque se quiere conocer la voluntad de Dios para obrarla y eso dará como resultado siempre varones con sabiduría y conocimiento que engrandezca a la iglesia del Señor.

Pablo le escribió a su discípulo Timoteo: “Entre tanto que voy ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13) y luego le dice “para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. (1 Timoteo 4: 15). No. La Biblia no nos fue dada para blandirla ante la ignorancia de los demás, sino para enseñar a quienes no la conocen.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: