Acuérdate de quien es Dios

Dice la Biblia en Salmos 42:6-11

“6 Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? 10 Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? 11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.”

Introducción

El salmo 42 nos lleva a reflexionar sobre el abatimiento que puede venir a nuestra vida. En este salmo la palabra “abates” y “abatimiento” se utiliza por lo menos tres veces y ese estado de ánimo del autor de esta oración la explica con diversas frases que estudiaremos hoy.

La palabra abatimiento algunas versiones la traducen como desfallecer, otras como deprimirse, desanimarse, llenarse de tristeza, deprimirse, turbarse con conturbarse y hasta como desconsuelo. Así se encuentra su estado anímico el salmista. Una situación sumamente complicada.

El salmista reconoce que está abatido. Y de forma figurada señala lo que siente: 1. Todas tus ondas y tu olas han pasado sobre mí, es decir como si algo hubiera pasado sobre él y lo hubiera arrollado. 2. Se siente olvidado por Dios y 3. Se siente enlutado por la opresión del enemigo.

Estas dos últimas las ha presentado a manera de pregunta. Pero el mayor abatimiento viene de una pregunta que ya ha repetido en los anteriores versículos: ¿Dónde está tu Dios?, que algunas versiones traducen también como “porque te has olvidado de mí?

Esta pregunta la hacen sus enemigos y le hacen sentir como si le rompieran un hueso, es decir un dolor muy fuerte en su corazón. Ante este panorama lo que el salmista hace es acordarse de Dios.

III. Acordándonos de lo que Dios es y hace por nosotros
A. A pesar del abatimiento
B. Para confiar en Él
C. Para esperar en Él
D. Para alabarlo

III. Acordándonos de Dios

El salmista recurre a un recurso indispensable para enfrentar el desanimo que de pronto puede llegar a nuestra vida. Debemos acordarnos de Dios, sin importar el lugar o la situación en la que estemos. Dios desea que traigamos a nuestro corazón lo que Él es y lo que hace.

Tener presente y hacer un ejercicio de memoria muy fuerte para no olvidar que Dios siempre nos ha ayudado y nunca dejará de ayudarnos resulta sumamente necesario en esos días en los que el desanimo nos azota y nos hace desmayar y desfallecer.

El autor de este salmo se acordaba de dos cosas: 1. De lo que hacía cuando encabezaba las celebraciones en el pueblo. Y 2. De Dios, con todas las implicaciones que tiene traer a nuestra mente y a nuestro corazón al Señor del cielo y de la tierra.

A. A pesar del abatimiento

El salmista dice con todo su corazón: “mi alma está abatida en mí” reconociendo su condición anímica, pero sólo para tomar impulso y acordarse de Dios. Reconocer que estamos abatidos no está mal, lo malo de ello es quedarnos en esa misma condición.

El salmista reconoce estar pasando por malos momentos, pero al mismo tiempo se acerca a Dios. La mención de los lugares donde está sirve no solo como referencia geográfica, sino también para enseñarnos que donde estemos y como estemos debemos acordarnos de Dios siempre.

B. Para confiar en Él

El salmista tiene una confianza a la que se aferra: Dios lo ayudará y lo hará de tres maneras: 1. De día mandará Jehová su misericordia. 2. Por la noche al cantar a Dios, el Señor estará con él y 3. Elevará una oración a Dios, quien es el autor y sustentador de su vida.

Por los textos anteriores sabemos que el salmista está en una situación muy difícil, que le obliga a confiar en que Dios le enviará su misericordia, en otras palabras lo acompañará con esa clase de amor que se requiere en los momentos de mayor aflicción: compasión.

Él por su parte, se compromete a hacer dos cosas: cantar a Dios y elevar una oración, dos actividades que a pesar de parecer iguales son completamente distintas. Cantarle a Dios tiene la virtud de llenar nuestra alma con todas nuestras emociones y la oración es un ejercicio espiritual que nos acerca a él para plantearle nuestras necesidades.

C. Para esperar en él

El salmista termina esta oración confrontándose consigo mismo para luego reafirmar su convicción de que esperará en Dios. Esa frase tiene implicaciones muy profundas. A pesar de que no salga de la situación en la que esta, él de todos modos no renunciará a seguir caminando con Dios.

Aquí radica esencialmente la importancia de seguir a Dios. Puede que las cosas no salgan como esperamos, pero independientemente de que sucedan o no sucedan seguiremos esperando en Dios.

D. Para alabarlo

La frase “aún he de alabarlo” es muy esclarecedora del compromiso que el salmista hace. En la situación en la que está él se compromete a seguir alabando a Dios a pesar de que las circunstancias no marche como él quisiera que marcharan.

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