La parábola del reino y casa divididos

Dice la Biblia en Marcos 3:23-26

23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. 25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. 26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.

Introducción

El reino de los cielos tiene como antagónico el reino de las tinieblas. Ambos están confrontados en una batalla constante, sin cuartel y la batalla es a muerte. La victoria del reino de los cielos tiene como corona la vida eterna, pero el triunfo de las tinieblas llevan al hombre a la condenación eterna.

Jesús enseñó esta parábola justo cuando se levantó contra él una difamación que ponía en entredicho sus milagros, particularmente la expulsión de demonios que efectuaba de tiempo en tiempo. Los fariseos y escribas decían que esos exorcismos los efectuaba por el poder de Belzebú.

La parábola nos enseña muchas cosas, pero nos muestra uno de los rasgos más trágicos cuando se trata de negar un milagro o la persona de Jesucristo: se puede caer en el ridículo o insensatez diciendo o creyendo barbaridades insostenibles que se pueden caer sin resistir el más mínimo rigor intelectual.

Decir que Jesús expulsaba demonios por “el príncipe de los demonios” era un verdadero insulto a la inteligencia y Jesús lo aclaró para enseñar una profunda verdad espiritual que nos sirve como advertencia y como alarma y precaución ante el maligno.

Satanás tiene un reino unido

I. Porque la división destruye
A. El ejemplo de un reino
B. El ejemplo de una casa
II. Porque no se puede dividir
A. Si se divide no puede permanecer
B. Si se divide ha llegado su fin

Una de las verdades más profundas que pudo dejarnos Cristo dentro de todas sus enseñanzas fue sobre el mundo espiritual malvado y en particular la naturaleza de Satanás y sus malignas influencias.

De acuerdo a la Escritura el diablo no es una invención, no es un mito o una leyenda. Es un ser actuante que tiene como objetivo central: hurtar, matar y destruir (Juan 10:10). Y Jesús nunca negó estas actividades o acciones de satanás, al contrario descubrió siempre sus negras intenciones.

Un breve repaso de la verdad sobre el maligno lo encontramos en el evangelio de Mateo 4:1-11 donde se nos releva con toda claridad las verdaderas intenciones del adversario de nuestras almas. Jesús luchó contra él, lo derrotó y destruyó para siempre su imperio.

I. Porque la división destruye

En la historia siempre aleccionadora para todos encontramos múltiples ejemplos de cómo la división o cisma en una nación o reino termina siempre por destruir. El pueblo de Israel es tal vez el ejemplo más claro de esta profunda verdad bíblica e histórica.

A la muerte de Salomón, el reino de Israel se dividió en dos reinos: el del norte con capital en Samaria y el del sur con capital en Jerusalén. Roboam fue el primer rey del reino sureño con dos tribus en tanto que Jeroboam fue el primer monarca del norteño reino en Samaria con diez tribus.

La historia revela como el reino del norte no resistió el asedio del reino de Asiria y aproximadamente en el año 722 A. C. fue destruido y las diez tribus fueron llevadas cautivas a esa nación del medio oriente donde se perdieron y nunca más fueron encontradas.

Pero dos siglos después, el reino de Judá fue destruido por el rey Nabucodonosor de Babilonia que los llevó cautivos a su nación.

La división finalmente los destruyó porque no pudieron resistir a sus enemigos. Cada quien por su lado trato de defenderse, pero nunca lo lograron porque su fuerza estaba mermada.

A. El ejemplo de un reino

Jesús dijo que “si un reino esta dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer”. Tenía en mente el desenlace del reino de Alejandro “El magno”. Casandro, Lisímaco, Tolomeo y Seleuco fueron sus cuatro generales que se dividieron el reino, pero dicho reino dividido no subsistió.

Y así podemos enunciar historias de imperios, reinos, gobiernos y naciones que al dividirse dieron paso a su destrucción.

B. El ejemplo de una casa (familia)

Una casa o familia incapaces de vivir de manera armónica también son un símil de lo destructivo que resulta la separación. Historias y casos de esta enseñanza la encontramos al por mayor muy cerca de nosotros. Matrimonios que se separan hacen gran daño a sus hijos.

II. Porque no se puede dividir

El reino del maligno no se puede dividir. La oscuridad guarda una unidad asombrosa, según relata Jesús en esta parábola. Lo hace con una pregunta cuya respuesta es lógica y sencilla: ¿Cómo puede satanás echar fuera a satanás? No lo puede hacer.

A. Si se divide no puede permanecer

Jesús les dijo a sus seguidores que si satanás se levanta contra sí mismo y se divide, sencillamente no puede permanecer o en otras palabras no puede estar de pie o no puede existir porque automáticamente estaría destruyendo su reino de tinieblas y maldad.

El reino de maldad muestra siempre una cohesión consistente, paradójicamente donde reina lo malo no hay división, sino un propósito común: destruir a los seres humanos con mentiras y engaños y todos los demonios cumplen con creces esa encomienda.

El maligno no está dispuesto a renunciar a tal plan y en consecuencia trabaja siempre en conjunto con sus ángeles caídos para lograr destruir el mayor número de vidas.

B. Si se divide ha llegado a su fin

El día que satanás se divida, ese día su fin esta más que cercano. Aunque desde que Jesús dijo esta parábola hasta nuestros días, su reino sigue vigente, acotado solo por el poder de Cristo. Pero la enseñanza central del Señor es que satanás mantiene una cohesión tal que su reino permanece.

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