Alegrar a los esposos

Dice la Biblia en Cantares 8: 13

“Oh, tú que habitas en los huertos, los compañeros escuchan tu voz; házmela oír.”

La ceremonia para un matrimonio judío difiere de manera total con la que practica la iglesia evangélica. Aunque la Biblia no establece un formato específico para esta importantísima ceremonia, muchos cristianos evangélicos se ciñen en gran parte a los que usa la iglesia católica. Otros solo toman algunos elementos.

Sin embargo, el pueblo de Israel mantiene una costumbre que me parece de lo más digno de imitar. Los familiares, amigos e invitados que asisten a una boda tienen la ineludible tarea de alegrar a los novios. Antes, durante y después de la ceremonia es imperativo llevar alegría a los nuevos esposos.

Nada de llorar ni entristecer a la nueva pareja, sino llevarles regocijo y contento. Según enseñan los rabinos judíos cuando explican porque la reina perversa Jezabel fue devorada por los perros y solo quedaron sus manos y sus pies se debió a que cuando pasaba un cortejo nupcial ella aplaudía y brincaba y por eso esas partes de su humanidad no fueron consumidas por los perros.

Lo de llevar alegría a los esposos concuerda totalmente con lo que Jesús le enseñó a sus discípulos cuando respondió sobre el ayuno y dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Una boda es lo diametralmente opuesto al ayuno. El ayuno es aflicción del alma; una boda es el regocijo total.

En la última parte del libro de Cantares es el esposo el que habla, dirigiéndose a la esposa para pedirle que hable, argumentando que sus amigos lo escucharán y compartirán la alegría de oír su voz. Los amigos del novio se regocijarán porque verán a su amigo feliz con su esposa.

El libro de Cantares no podía terminar de otra manera: lo hace con un llamado para recordar a los esposos que lo que comenzó con mucha alegría, así debe permanecer. Las vicisitudes de la vida en pareja como lo son la crianza de los hijos, la edificación del patrimonio y las relaciones con las nuevas familia no pueden y no deben hacernos perder de vista que el matrimonio ante todo es alegría.

Corresponde a los consortes recodar siempre que un matrimonio con alegría será el mejor lugar para los hijos y para ellos mismos debido a que una vez que los hijos abandonen el nido quedarán ellos dos solos como al principio y entonces la alegría debe seguir siempre.

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