Mas entendido que los ancianos

Dice la Biblia en Salmos 119:100

“Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos.”

En su estupendo y moralizador tratado “De la vejez” Marco Tulio Cicerón afirma que los fundamentos de una vejez suave y feliz se ha de echar muy de antemano en la mocedad. Según este pensador y escritor romano “los hombres serán muy felices si han sabido arreglar bien la juventud, de la cual provienen todos los trabajos y fatalidades que, por lo común, se experimentan en la vejez.”

Desde tiempos inmemoriales muchas culturas y muchos pueblos han buscado por todos los medios formar, instruir y enseñar a su juventud para evitarles dolores y sufrimientos a la hora de llegar a la recta final de la existencia humana. La idea es sencilla: invierte bien tu juventud y tu vejez no carecerá de ganancias.

Y aquí es donde la Escritura se yergue imponente y absolutamente imbatible: señala el camino a los jóvenes para aprender consejo, prudencia, sabiduría y cordura para hacer de esa etapa de su vida una época ajustada a dirigir su fuerza y tenacidad a proyectos que les permitan tener una salida de este mundo sin aflicción.

Por eso la declaración del salmista no es pretenciosa ni tampoco jactanciosa. Es una realidad y es una verdad para animar a los jóvenes a estudiar con empeño y dedicación la Escritura y enseguida ponerla por obra. Ambas decisiones hará de ellos hombres prudentes y sabios durante la juventud cuando la pasión suele dominar a los mancebos.

Un joven que desde esa edad ciñe su vida a lo que dice la Biblia ha entendido más que un anciano porque su vejez será completamente distinta. El temor del Señor sienta los cimientos de lo que ha de ser la llamada “tercera edad”, al menos no se reprochará nada de su existencia porque habrá de cometer errores, pero no colosales que le cambien su destino final.

David, Josué, Timoteo y Juan Marcos, el evangelista, por citar algunos nombres de jóvenes que la Biblia menciona que desde esa edad siguieron al Señor y fueron hombres de un pensamiento muy avanzado, muchas veces más adelantados a los ancianos de su época lo hicieron por abrazar el estudio de la Escritura como su norma de vida.

La Escritura hace sabio a quien la obedece sin importar ni la edad y hace que al llegar a la vejez lo haga satisfecho de haber vivido una vida donde disfrutó de lo que se podía disfrutar en el temor del Señor y no arrepentido por haber malgastado su fuerza en vanidades.

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