Joya preciosa

Dice la Biblia en Proverbios 20: 15

“Hay oro y multitud de piedras preciosas; más los labios prudentes son joya preciosa.”

En Oaxaca contamos con joyas de hace miles de años que fueron encontradas en las tumbas sagradas de la ciudad de Monte Albán. Tanto en el museo de sitio de ese lugar como en el formidable museo de Santo Domingo se exhibe la orfebrería de los pueblos originarios de este maravilloso estado.

De hecho la forma y estilo de los joyeros zapotecas ha servido de inspiración a los modernos joyeros que han elaborado a partir esos trabajos pendientes, aretes, diademas y cadenas con un toque muy indígena y que deslumbran y enamoran a propios y extraños.

En el mundo entero podemos encontrar joyas de todo tipo y de todo gusto. Es un hecho que casi todas las culturas trabajaron el oro e hicieron de ese metal obras que perduran hasta nuestros días debido al cuidado con el que lo hicieron y han trascendido el tiempo. No se diga del trabajo con piedras preciosas.

Salomón dice que sólo hay algo superior a estas obras de arte hechas con oro y son los labios prudentes. Evidentemente la expresión “labios prudentes” es una frase para referirse a la capacidad no solo de hablar correctamente, sino, sobre todo, hablar con prudencia.

La versión Palabra de Dios para todos traduce este texto así: “El oro y las joyas lo enriquecen a uno, pero vale mucho más el que mide sus palabras.” El uso adecuado y sabio de lo que hablamos y decimos es un tesoro de grandes y favorables beneficios.

Cuando Salomón dice que son más valiosas las palabras habladas con prudencia que el oro o las piedras preciosas está llamando nuestra atención no sólo sobre lo que decimos, sino cómo lo decimos. Nuestras palabras son tan poderosas que nos dan la vida o nos llevan a la muerte.

Hablar con prudencia o hablar midiendo siempre nuestras palabras es de un gran valor porque no sólo nos ahorra preocupaciones y dificultades, sino que nos permite afrontar cualquier clase de problema o dificultad con sagacidad, entendimiento y sabiduría.

Un hombre de labios prudente tiene una joya de enorme valor en su vida, superior a cualquier lote de alhajas porque además de alentar a otros, tiene la enorme virtud de alentarse así mismo.

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