Principio de dolores

Dice la Biblia en Mateo 24: 8

“Y todo esto será principio de dolores.”

Así resume Jesús el hecho de que antes de su regreso el mundo completo se conmoverá por los falsos cristos que se presentarán, las guerras y rumores de guerra que habrá, las pestes y hambres y terremotos en diferentes lugares que habrán de preceder el regreso del Señor.

Todo eso será apenas el principio de dolores. No es todavía el fin del mundo, sino sólo el comienzo del final de la humanidad sobre la tierra. Los seres humanos y la propia naturaleza contribuirán en la destrucción del hábitat de los terrícolas que llevan años dañando la creación.

Las señales de su retorno son el principio de dolores. Ésta última frase se refiere a lo que ocurre a las mujeres embarazadas que clínicamente se conoce como “trabajo de parto” o las dolorosas contracciones que preparan el nacimiento de sus hijos. No es el parto propiamente, sino el anuncio de que pronto nacerá un nuevo ser.

Los sucesos que ocurrirán antes de que regrese Cristo serán plenamente identificables o están plenamente identificados ya. El dolor y sufrimiento que deparan a esta humanidad es de proporciones verdaderamente inimaginables porque la maldad del hombre creceré a niveles terroríficos.

Entre que comienzan los “dolores de parto” y nace el ser humano, hay un tiempo a veces corto a veces largo, pero para quien los padece parecen interminables por el dolor que se sufre. De idéntica manera entre el principio de dolores y el regreso de Cristo pasará un tiempo que parecerá inacabable por la tribulación que se vivirá.

Cristo dio este discurso a sus seguidores para prepararlos y evitar que las señales los tomará por sorpresa. Los creyentes deben estar conscientes de que la maldad de la humanidad irá creciendo hasta hacer insostenible la vida en el planeta. Nada de que sorprendernos, así fue en los días de Noé, antes del diluvio.

El Señor anunció con mucho tiempo de antelación lo que le esperaba a los hombres en el futuro. El Señor del presente y futuro supo bien a bien que ocurriría con los hombres y mujeres de los tiempos postreros y no se equivocó como nunca se ha equivocado.

Sólo basta abrir los diarios de nuestro país y de otros países para darnos cuenta que la humanidad ha comenzado a sufrir por la perversidad que ha alcanzado el corazón del hombre. Sí, Cristo viene por su pueblo.

¡Aleluya! ¡Maranata!

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