María Magdalena: fidelidad a prueba de dificultades

Recientemente asistí al cine a ver la película Maria Magdalena, dirigida por Garth Davis y escrita por Philippa Goslett y Helen Edmundson. Nuevamente la figura de Maria Magdalena ha sufrido tergiversaciones porque se sigue el patrón de asociarla sentimentalmente con Jesús, la cinta cinematográfica ni siquiera recrea los pasajes que son claros en la vida de este personaje.

Como todos sabemos los datos biográficos en el Nuevo Testamento sobre María son escasos, pero una cosa es la limitación de información y otra muy distinta inventar una historia alejada totalmente de la divinidad de Jesucristo. La película equivocadamente continúa con los mismos intentos de otros filmes y obras literarias que pinta a esta seguidora de Cristo como su favorita, por encima de los discípulos.

A continuación se presenta una biografía basada en los evangelios y compartida a los hermanos de Semilla de Mostaza el 9 de julio del 2017.

María Magdalena: fidelidad a prueba de dificultades

Dice la Biblia en Lucas 8:1-3

“1 Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.”

Introducción 

Ningún otro personaje bíblico ha sido malinterpretado a lo largo de la historia como María Magdalena. Ha sido confundida con la pecadora de Lucas 7:36-50, con la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio de Juan 8:1-11 y con María de Betania, la hermana de Lázaro y Marta (Juan 11).

La confusión obedece a la descripción que Lucas hace de ella en 8:2 cuando dice que Jesús había expulsado siete espíritus de ella, lo que hizo a muchos suponer su condición pecaminosa, pero en realidad ni por asomo ese texto afirma o insinúa que ella fuera una pecadora en el sentido de ser una ramera.

La literatura mundana es la que más ha tergiversado a este personaje. Al grado de asociarla sentimentalmente al Señor Jesús. Mentira que ha sido ampliamente difundida para minar la divinidad de nuestro Señor y convertirlo en un ser humano con todas las debilidades pecaminosas de todos los hombres.

La iglesia católica ha sido parte de esta tergiversación de María Magdalena. A finales del siglo VI, Gregorio Magno afirmó que María de Betania, (Jn. 12), la pecadora que ungió a Jesús en casa de Simón el fariseo (Luc. 7:36-50) y María Magdalena eran la misma persona y en consecuencia era una prostituta. Fue hasta el siglo pasado en 1969 que el papa Paulo VI “limpió” el nombre de la santa de la iglesia católica, cuyo día es el 22 de julio.

Más tarde se añadió la teoría de una María Magdalena promiscua sexualmente, el pasaje de Juan 8 donde Jesús salva de ser lapidada a una mujer “sorprendida” en el acto mismo del adulterio es usado para asociarla erroneamente. La película de Mel Gibson llamada La pasión de Cristo reafirma esta equivocación.

Sin embargo, al estudiar a María Magdalena descubrimos a una mujer que fue fiel al Señor desde que le entregó su vida junto con otras mujeres, con quienes conformó un grupo de apoyo para el Maestro y sus discípulos. De hecho cuando se describe a esta mujer se le enlista entre las mujeres que apoyaron al ministerio con sus propios recursos.

En realidad María Magdalena era una mujer con recursos económicos que le permitieron seguir a Jesús y apoyar su ministerio terrenal, pero su mérito más encomiable o digno de reconocimiento es haber estado en todos los momentos en que era necesario su apoyo.

María Magdalena acompañó al Señor cuando fue detenido y conducido al pretorio para ser juzgado por Pilato, fue de los pocos seguidores que estuvo al pie de la cruz cuando fue crucificado, pero su participación estelar ocurrió durante la resurrección cuando fue la primera en ver y conocer al Señor resucitado.

No hay un solo texto que apoye la idea de que ella fue una prostituta.

María Magdalena: fidelidad a prueba de dificultades

  1. Fidelidad con sus bienes
  2. Fidelidad el dolor y sufrimiento
  3. Fidelidad en la desesperanza
  4. Fidelidad en la soledad

Fidelidad con sus bienes Luc. 8:1-3

María Magdalena era originaria de un pueblo llamado Magdala, ubicado en las cercanías del mar de Galilea, también conocido como Tiberíades, bautizado así en honor del emperador romano Tiberio. Su nombre era solo María, pero fue llamada Magdalena como una manera de resaltar su procedencia.

La breve descripción que nos ofrece Lucas la relaciona con Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes y Susana. La sola referencia del esposo de Juana nos permite deducir que María Magdalena se codeaba con la clase gobernante y poderosa de los tiempos de Jesús.

Las tres mujeres que menciona Lucas en su relato “le servían de sus bienes”. La palabra “bienes” procede del griego “huparchó” que se traduce como posesiones, propiedades y riqueza material. María Magdalena era un mujer pudiente por eso se relacionaba con gente de bastos recrusos.

María Magdalena nos enseña la fidelidad a Dios con sus bienes. Lo más difícil de poner al servicio a Dios es precisamente nuestros recursos materiales. Es obvio que María Magdalena era autónoma para decidir que hacer con su dinero lo que hace probable que no estuviera casada.

Fidelidad en el dolor y el sufrimiento

María Magdalena solo aparece mencionada en una ocasión durante el ministerio terrenal de Jesucristo. De allí no se vuelve a saber de ella hasta la crucifixión de Jesús. Mateo, Marcos, Lucas y Juan la mencionan justo allí cerca del madero del que colgaba el Maestro.

Cuando todos habían huido, solo ella y Juan habían permanecido allí. Mateo 27: 55-56 dice: “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madres de los hijos de Zebedeo”.

Marcos 15:40 dice: “También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.”

Lucas 23: 40 señala: “Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.”

Juan 19: 25 indica: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.”

La virtud de María Magdalena sobresale por saber estar en los momentos de enorme sufrimiento. Cuando la mayoría se habían alejado ella estaba permaneció. Uno puede ser fiel al Señor cuando todomarcha bien, pero la fidelidad a nuestro Dios se comprueba cuando permanecemos con él en las horas de dolor y sufrimiento.

Fidelidad en la desesperanza

Una vez que Jesús murió en la cruz, todos se fueron a sus casas. Menos María Magdalena. Mateo 27: 57-61 dice lo siguiente:

Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. 58 Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.

59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, 60 y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. 61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.

Fueron pocas las horas que María Magdalena dejó a Jesús solo durante la crucifixión, sepultura y resurrección. Ella y la otra María que no es otra, sino María la madre de José.

Así dice Marcos 15: 47 “Y María Magdalena y María Madre de José miraban donde lo ponían.” Cuando todos se habían ido ya, ella seguía allí. Era de noche y quiso saber donde colocaban el cuerpo de su amado Señor. Esta determinación por saber que sucedía con el cuerpo de Jesús es de lo que se han valido algunos para desacreditar la persona de María Magdalena.

Fidelidad en la soledad

Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé compraron especias aromáticas para ir a ungirle, pero no encontraron el cuerpo y dieron aviso a los discípulos.

Juan y Pedro llegaron corriendo y no vieron el cuerpo, pero Juan 20: 10 dice: “Y volvieron los discípulos a los suyos.” Y luego señala en el versículo 11: Pero “María estaba afuera llorando junto al sepulcro.” Ella se quedó allí sin saber que hacer porque ya no estaba el cuerpo del Señor.

Se quedó sola. La fidelidad que más vale es aquella que se practica en la intimidad, cuando nadie nos ve. Dios aprecia esta fidelidad porque se basa en un corazón sencillo y limpio para Dios.

Juan 20:11-18 nos describe un poco la personalidad de María. Ese texto usa cuatro veces la palabra llorar: dos veces en el versos once, una vez en el trece y una vez más en el 15. María Magdalena lloraba inconsolable porque había desparecido el cuerpo del Señor.

En esa soledad dolorosa, María Magdalena fue la primera en conocer la resurrección de Cristo, pues Marcos 16:9-11 nos dice lo siguiente:

Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

Aún en ese momento ella quedó sola y se mantuvo fiel y firme en lo que había visto y lo que había vivido.

Conclusión:

María Magdalena nos enseña la virtud de la fidelidad al Señor. Fidelidad cuando se necesita. Fidelidad a pesar de tener todo en contra. Fidelidad ante la tentación de claudicar por las circunstancias adversas.

Visto desde esta perspectiva, este personaje bíblico dista mucho de las interpretaciones e “invenciones creativas” que se han presentado en películas y libros.

 

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