Hosanna

Dice la Biblia en Salmos 118: 25

“Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.”

Cientos de años después de que se escribió este versículo, los hebreos que vieron entrar a Jesús en Jerusalén lo repitieron una y mil veces, solo que la frase “sálvanos, ahora, te ruego” fue cambiado por el arameismo “hosanna” y quedó como “Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor”, que es el siguiente versículo del salmo 118.

La expresión hosanna se convirtió desde entonces en al exclamación por excelencia para recordar uno de los eventos más singulares de la historia de la redención: la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, en la que miles de peregrinos venidos de todas partes del imperio romano reconocieron al Rey de reyes.

Hosanna significa “sálvanos, te rogamos, Señor” y tiene un profundo valor espiritual para los hebreos porque forma parte de un salmo que fue escrito con la finalidad de reconocer que siempre habrá personas dispuestas a dañarlos no sólo en lo individual, sino también en lo colectivo.

Y es entonces que se necesita que Dios nos ayude y nos salve. Se apiade de nosotros y nos libre de todos aquellos que quieren destruir nuestra vida. Los judíos sabían y saben bien que los enemigos de ellos son a muerte. La historia nos ha enseñado que de lo que se trata con ellos no sólo es derrotarlos, sino exterminarlos.

El llamado domingo de ramos fue la última vez que en Jerusalén se vivió un tumulto de esa naturaleza y nunca más ha vuelto a ocurrir. Entre las vetustas calles de Jerusalén retumbaron los gritos de miles de judíos que vieron a su rey sentado en un pollino y a quien volverán a ver cuando retorne y recibirán, ahora sí, para ser su rey.

Los creyentes en Jesucristo clamamos igual que ellos “Hosanna”, que el Señor nos ayude a luchar por servirle cada día mejor. Que nos ayude derrotar lo que nos impide hacerlo nuestro Rey: codicia, mentira, rencor, envidia y maldad incrustada en nuestro corazón.

Alzamos la voz y las manos para decirle “sálvanos, Señor, ahora te rogamos” porque si nosotros callamos, las piedras hablarían.

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