La muerte de Cristo: ejemplo de generosidad contra la codicia

Dice la Biblia en Juan 12:2-8

2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. 3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: 5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? 6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. 7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.

Introducción

A Juan le interesa narrar los sucesos ocurridos seis días antes de la muerte de Jesucristo. El autor del evangelio coloca una cena en casa de Lázaro, Marta y María antes de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. En dicho relato Juan contrasta la actitud de María con la del apóstol Judas.

Las posesiones materiales son el tema principal de esta comparación, ya que mientras María le ofrece a Jesús un perfume de mucho valor, Judas se queja de por qué en lugar de desperdiciar así algo de tanto valor no le hubiera dado a los pobres, aunque en realidad no era esa su intención.

El relato está incluido en esta sección debido a que Jesús reconoce que la acción de María forma parte de la preparación de su muerte y sepultura, resurrección y ascensión. Eventos que estaban hilados o unidos entre sí y que los discípulos todavía no entendían bien a bien.

El ungimiento de Jesús por María nos conduce a acercarnos un poco más a la condición humana. A la clase de contradicciones que vio Jesús al conocer que los seres humanos pueden ser dadivosos en un grado muy elevado, pero pueden ser mezquinos a pesar de conocerlo a él.

La muerte de Cristo es un ejemplo de generosidad. De hecho muchos sucesos antes y después de su muerte están asociados con esta actitud. José de Arimatea puso un sepulcro nuevo. De un precio elevado. María Magdalena compró especias aromáticas de mucho precio para ungirlo.

La generosidad contra la codicia

I. La generosidad de María

María fue una mujer sumamente generosa. El perfume que puso en los pies del Señor fue de nardo puro, una esencia muy deliciosa para el sentido del olfato, pero sobre todo muy cara. Judas le puso precio: 300 denarios, casi un año de trabajo para juntar esa cantidad.

Por eso Juan dice con toda claridad que era de mucho precio. Y por supuesto que era muy caro. María no tuvo empacho, ni tuvo recelo en ofrecerlo al Señor. Y Cristo tampoco se resistió a recibirlo. Sabía que era caro. Sabía que era mucho el tiempo de trabajo para quien lo daba. Pero lo aceptó.

La pregunta que surge de inmediato es: ¿qué movió el corazón de María para desprenderse de un artículo que cualquier mujer hubiera guardado y reservado para sí? Evidentemente una profunda gratitud por lo que el Señor había hecho en la vida de ella y en la vida de su hermano Lázaro.

La generosidad de María estaba vinculada estrechamente con las bendiciones recibidas. A diferencia de los modernos promotores de la teología de la prosperidad o pactos, ella no se movió por lo que iba a recibir, sino por lo que había recibido en su vida personal.

Pero la grandeza de María, la hermana de Lázaro, queda confirmada porque no solo se desprendió de su perfume de gran precio, sino que ella misma se humilló para ungir los pies del Señor. Quien tenía 300 salarios diarios podría haber comprado un perfume no tan caro y contratado a un siervo que hiciera el lavado de pies de Jesús.

Pero ella decidió hacerlo por sí misma y ante todos los invitados a la cena en Betania ella misma usó el perfume, ungió los pies de Jesús, los enjugó con sus cabellos y perfumó toda la casa.

II. La codicia de Judas

En el otro extremo encontramos a Judas Iscariote, el que habría de terminar traicionando al Señor. Judas en lugar de reconocer lo que hacía María, o en su caso quedarse callado, abrió la boca solo para externar su pobre y lamentable condición espiritual.

Fue él quien puso precio al perfume. Cómo sabía cuánto valía ese perfume. Es obvio que se movía en ese mundo. Nos queda claro que este hombre tenía un pie dentro del grupo de los doce y uno fuera. Con ese pie por fuera supo cuánto valía el perfume de nardo puro.

Su argumento fue que era un “desperdicio” lo que había hecho María, la hermana de Lázaro, porque ese dinero se le podía dar a los pobres. Es claro que Jesús usó los recursos que recibía para darlo a los desvalidos y necesitados y Judas era el administrador de ellos.

Pero en realidad Judas no tenía la intención de ayudar a los pobres. Los usaba para hacerse de recursos que después utilizaba para sí mismo. Jesús ya sabía lo que Judas estaba haciendo: robando, pero en lugar de decirle la verdad, él optó por decirle que la acción de María formaba parte de lo que vendría adelante: su muerte y resurrección.

Pudo haber descubierto a su discípulo allí mismo, pero no lo hizo. Por el contrario, le recordó que a los pobres siempre los tendrían que fue una manera de llamar su atención para que dejará de robar lo que correspondía a los pobres y se arrepintiera por su condenable actitud. Algo que no sucedió.

Y le recordó que él no siempre estaría con ellos. Razón suficiente para cambiar de actitud, pero no lo hizo y no lo hizo porque para esos días el corazón de Judas ya estaba cargado de codicia. El dinero ya lo dominaba. Estaba a unas horas de formalizar un trato con los sumos sacerdotes para entregar a Jesús.

La codicia de Judas no sirve para recordarnos que la maldad de nuestro corazón nos puede extraviar y destruir nuestras vidas si somos incapaces de dominar nuestros deseos de poseer lo material.

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