Lavado de pies

Dice la Biblia en Juan 13:14

“…si yo, el Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.”

Jesús enseñó con parábolas. Las parábolas las tomaba de la cotidianidad. Eran y son historias que sus discípulos y quienes las escuchaban las entendían perfectamente de allí sus poderosos efectos en aquellos y en nosotros que las leemos en los evangelios cada día.

Cuando Cristo quería recalcar algo o quería que una verdad se entendiera, él mismo se convertía en una parábola. Cuando habló de su muerte y resurrección dijo: “destruir este templo y en tres día lo levantaré”. Pero el ejemplo más sublime que Jesús nos ofrece es cuando lava los pies de sus apóstoles.

En la cultura hebrea, la hospitalidad en una casa no terminaba con solo recibir a amigos y familiares. Un buen anfitrión que quería agasajar a sus invitados los habría de recibir y de inmediato lavar sus pies como muestra del honor que representaba tenerlos en casa.

Evidentemente el dueño de la casa contaba para esa labor con un criado que se encargaba de traer el agua, secar los pies e instalar cómodamente al invitado de su amo. De ningún modo el anfitrión podría hacer una labor así. Lo denigraba, lo rebajaba ante sus huéspedes.

Cuando Jesús se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomó una toalla y luego puso agua en un lebrillo y comenzó a lavar los pies de sus discípulos ellos quedaron impresionados porque Jesús no tenía porque hacer eso. Era indigno de su persona porque no era un criado.

Pero Jesús lo hizo como ejemplo de que la grandeza en el cristianismo no está en el poder económico que la gente tenga. Tampoco está en los títulos universitarios, ni en el conocimiento que alcance una persona, sino en servir a los demás. Allí radica la razón y misión de conocer a Jesús.

Jesús era el Señor y Maestro, pero hizo a un lado su posición para limpiar los pies de sus apóstoles.

El lavatorio de los pies fue el ejemplo supremo de lo que Jesús espera de quienes le siguen. El evangelio se resumen en servirse unos a otros, aunque el servicio implique “hacer a un lado nuestra posición social o económica”. No importa cuanto tengas que rebajarte, Cristo nos dejó un camino al que no podemos renunciar: servir.

El lavamiento de pies es un recordatorio y una profunda enseñanza para los seguidores de Cristo. Es un llamado a servir con esa clase de servicio que incomoda, que “humilla”. Un servicio sincero, sin doblez ni hipocresía. Y tal vez servir en algo que muchos no quieren hacer.

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