Apartados con la palabra de Dios

Dice la Biblia en Juan 17:17

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”

Poco antes de ser detenido para ser llevado a la cruz del calvario, Jesús oró por sus discípulos. Solo el evangelio de Juan registra esta plegaria cargada de amor y ternura por sus seguidores de aquellos tiempos y por todos los que vendrían luego de la predicación de los doce.

En esa súplica hecha por el Señor encontramos sus anhelos y deseos, su visión y previsión de lo que habría de venir con el advenimiento de la iglesia y la actitud que esperaba de quienes habrían de llamarse cristianos en un mundo hostil a la palabra de Dios y renuente en creer en el evangelio.

Son demasiados los aspectos que encontramos en la oración de Jesús por sus discípulos, pero uno de ellos nos mueve y conmueve: “santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. En un mundo gobernado por la falsedad y bajo el dominio del príncipe de la mentira, los creyentes debían estar apartados. Ese es el sentido de la expresión “santifícalos”.

El creyente en lo particular y la iglesia en lo general debía protegerse frente a la falsedad y la única manera de hacerlo era por medio de su palabra. Cristo pidió al Padre que los hijos de Dios tuvieran la capacidad y el poder de ceñirse a la Escritura para apartarse del engaño.

En ocho palabras que registra la versión Reina Valera encontramos una especie de silogismo: 1. Los creyentes se santifican en la verdad. Y 2. La palabra de Dios es la verdad. Conclusión: Los creyentes se santifican en la palabra o si se quiere, la palabra los santifica. Fuera de ella el creyente será incapaz de vencer al mundo.

El mundo engulle fácilmente al hijo de Dios si se aparta de la Biblia porque ella contiene la verdad de Dios y al dejarla o apartarse de ella es presa fácil de las mentiras que pululan en el mundo gobernado por el príncipe tirano. Es un imperativo, entonces, mantenernos fieles a la Escritura.

En su oración Jesús visualizó claramente cuál sería el principal problema de sus seguidores: permanecer en su palabra y por eso rogó que ellos se aferrarán a la Escritura para poder mantener viva su fe y nunca dejar de ser un testimonio para el mundo.

Pablo fue quien mejor entendió esta verdad cuando escribió a Timoteo que “la iglesia es columna y baluarte de la verdad”, es decir la iglesia sostiene en alto la verdad ante las mentiras que brotan como hierba maligna en este mundo que quiere a toda costa que el creyente crea o acepte los criterios que se le imponen.

La palabra de Dios tiene la inmensa virtud de apartarnos de la mentira y cubrirnos con la verdad.

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