Guarda tu espada

Dice la Biblia en Juan 18: 11

“…Mete tu espada en la vaina…”.

La detención de Jesús por parte de la guardia del templo, acompañada por los fariseos y escribas provocó una inusitada e inusual reacción del apóstol Pedro, quien al momento de la aprehensión del Señor sacó una espada y de tajo cortó la oreja de un hombre llamado Malco.

La violenta acción del discípulo fue de inmediato reprendida por Cristo porque a lo largo de tres años una y otra vez había insistido en que su mensaje era un mensaje de paz, un mensaje de fraternidad y amor al prójimo. Nunca llamó ni a la rebelión ni a la confrontación con fuerza desproporcionada.

Ante una injusticia, antes que tomar vengaza por mano propia, Jesús recomendó poner la otra mejilla. Por eso la acción de Pedro fue desproporcionada e innecesaria: El Hijo del Hombre comenzaba la etapa más dolorosa de la rendención de la humanidad y nadie ni nada podría ni evitarlo ni esquivarlo.

La acción de Pedro surgió o fue el resultado de la tensión en la que vivía en esos momentos. También porque en su interior quiso de defender a su Maestro, actitud muy loable, pero completamente equivocada porque Jesús podía defenderse solo, pero había resuelto prescindir de su poder divino y entregarse en humana debilidad.

El impulsivo apóstol dio una muestra más de sus arrebatos que a los ojos de muchos podría parecer comprensible, pero ante los ojos de Cristo sencillamente eran intolerables. Jesús rechazó sistemáticamente cualquier camino que no fuera la cruz. Ese era su destino inexorable y nadie podría hacerlo desistir.

Satanás le ofreció todos los reinos, si postrado le adoraba. Lo rechazó categórico. Cuando los judíos lo quisieron hacer rey, los dejó con un palmo de narices. Los abandonó y quedaron solos. Y ahora que Pedro se interponía de una manera violenta, le pidió que guardará su espada. Esa no era tampoco la vía para cambiar el corazón de las personas.

La actitud de Pedro nos enseña que las cosas que hacemos con nuestras propias fuerzas o con nuestros propios recursos generalmente tienden al fracaso. La espada de Pedro nunca debió salir de la vaina donde estaba porque ese nunca será el camino para la redención personal y de nuestros semejantes.

Las palabras de Cristo: “Mete tu espada en la vaina”, dirigidas a Pedro nos enseñan que tenemos que hacer a un lado nuestros recursos y dejar que Jesús nos guíe para saber que hacer en los momentos de mayor tensión que de pronto vienen a nuestra vida. Nuestros recursos y nuestras ideas a veces son de los más tontas.

El siempre sabrá lo que debemos hacer a la hora en que se nos exija dar razón de nuestra fe.

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