Le escarnecieron

Dice la Biblia en Mateo 27: 29

“…le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!”

Los soldados romanos eran crueles en extremo. Los historiadores nos recuerdan que el ejército romano era de los más feroces en la época de Jesús: De hecho su expansión y dominio mucho tuvo que ver con su poderío militar. Caer en las garras de ellos como prisionero era esperar lo peor.

Pero además de inhumanos a la hora de tratar a sus reos de muerte, los militares romanos eran sumamente burlones. La cultura romana está llena de pasajes y relatos donde se pone de manifiesto esta característica: eran irónicos, sátiros y les gustaba divertirse a costa de los demás.

Después de que Jesús fue entregado a Pilato por el sanedrín judío, el pretor romano no pudo o no quiso librarlo de la muerte y liberó a Barrabás y entregó a su regimiento a Jesús para que lo torturaran y se mofaran de él como divertimiento antes de conducirlo a la muerte de cruz.

Mateo utiliza el témino más adecuado cuando dice que los soldados romanos “escarnecían” a Jesús. Ellos se burlaban acremente de Jesús, además de azotarlo y golpearlo con lo que tuvieran a la mano porque en cierto modo desahogaban su resentimiento y molestia de estar tan lejos de Roma y por supuesto cumplían, sin saberlo, con las profecías del Mesías sufriente que nos habla el profeta Isaías.

Jesús fue entregado a un piquete de soldados que le despreció y menospreció, que se divirtió y jugó con él, que le hicieron bullying en extremo con lo que su muerte en la cruz fue todavía más dolorosa. No les bastaba que sería crucificado de manera injusta, sino que todavía hicieron escarnio de él.

Y la burla se centró justamente en el atributo que el Señor tuvo que hacer a un lado: El de Rey de los judíos. El Rey de reyes, tuvo que prescindir de su poder para salvar a la humanidad. Él pudo haber invocado a una o varias legiones de ángeles para que lo salvaran, pero no lo hizo soportó con todo su ser hacer a un lado esa posibilidad.

La burla o el escarnio ha sido uno de los instrumentos del maligno para molestar la fe de los creyentes. A algunos se les hace complicado soportar que se rían de nuestra fe, que se diviertan llamándonos de mil formas para soltar tremendas carcajadas a costa de nostros y optan por dejar de ser cristianos.

Recordar pasajes como el que hoy meditamos nos alienta para resistir el escarnio al que a veces nos somete el mundo por manifestar nuestra creencia y confianza en Cristo. No debemos olvidar nunca que si somos objeto de oprobio, hubo uno antes de nosotros que soportó además de la burla, la cruz infame que le quitó la vida.

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