Nicodemo, el simpatizante rico de Jesús

Dice la Biblia en Juan 19: 39

“También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de aloes, como cien libras.”

Me impacta descubrir que simpatizantes y seguidores de Cristo eran ricos. Encuentro a una María Magdalena que de su pecunio daba a la causa de Cristo. Descubro a José de Arimatea que ofreció un sepulcro nuevo para el cuerpo de Jesús. Y halló que Nicodemo también aportó de su riqueza para el Señor. Los sabios de oriente hicieron lo propio: ofrendaron oro, incienso y mirra.

El común denominador de todos ellos es que buscaron a Jesús para ofrecerle lo que tenían. No los movió buscar tener más o acumular mayores riquezas. Los impulsó el hecho de haber encontrado a Jesús como Salvador e impactados por sus enseñanzas decieron dar de lo que tenían.

Así sucedió con Nicodemo, un hombre muy importante entre los judíos. Unos meses antes de la muerte de Jesús, él lo había buscado de noche. Juan subraya ese punto. Fue una visita nocturna para evitar explicaciones a los judíos que ya comenzaban a mal ver al Señor y a perseguirlo.

El nuevo nacimiento fue el tema que Jesús abordó con Nicodemo. Tema que le era completamente incomprensible y que Jesús le explicó para que naciera de nuevo y conociera a su Salvador, hecho que ocurrió según podemos deducir porque el día que Jesús murió Nicodemo apareció a la hora de su sepultura.

Pero no apareció con las manos vacías. Apareció trayendo un compuesto costoso para enterrar a Jesús. El principal entre los judíos ya no tuvo empacho de que se le relacionara con Jesús. Ni mucho menos afectar su pecunio o patrimonio con tal de llegar con una importante cantidad de bálsamo.

Nicodemo pasó así de ser un simpatizante temeroso que buscó a Jesús de noche para no comprometerse a un discípulo al que ya no le importaba si lo relacionaban o no con Jesús y sobre todo al que ponía a los pies del Señor sus recursos con todo su corazón y sin escatimar nada.

La historia de Nicodemo es muy útil para todos nosotros porque nos revela que nuestra conversión genuina se manifiesta plenamente cuando somos capaces de dar sin escatimar, confiando siempre en la gracia del Señor, pero sobre todo, de dar no por lo que podamos recibir. Jesús había muerto; a Nicodemo ya no le podía dar nada.

La extraordinaria enseñanza de Cristo es que todos debemos dar pensando siempre en todo lo que ya hemos recibido y no necesariamente en lo que recibiremos como recompensa por dar. El hijo de Dios da motivado por lo que ya tiene, no por lo que tendrá por desprenderse de sus riquezas.

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