La piedra removida

Dice la Biblia en Mateo 28: 2

“…un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra…”.

Jesús no se equivocó ni alardeó cuando le dijo a Pedro y a Pilato que si hubiera pedido una legión de ángeles al Padre para defenderlo de la violencia física de la que fue objeto antes de ser crucificado, se le hubiera concedido porque un ángel del Señor fue enviado a remover la piedra de su tumba como prueba de la veracidad de sus palabras.

La presencia angélica confirmó la superioridad de Jesús sobre esos seres poderosos en fortaleza y que se caracterizan por servir a Dios en encomiendas sumamente importantes para los planes y propósitos del Señor por su eficiencia y su poderío sin igual a la hora de ejecutar los juicios de Dios.

El primer día de la semana, el Señor envió a uno de sus mensajeros para anunciar que la muerte no podía retener a Jesús. Su presencia poderosa provocó un fuerte terremoto que sacudió la tierra y atemorizó a la guardia romana que vigilaba el sepulcro de Jesús.

Mateo hace un retrato perfecto de los pormenores de cómo se abrió esa tumba. No fue Jesús quien removió lo que obstruía su liberación de allí. Tampoco fueron sus discípulos pues todos ellos morían de miedo al pensar que podían correr la misma suerte que su Maestro y Señor.

Fue un ángel el que descendió del cielo, enviado por el Padre, para ratificar con todo poder y autoridad que el Hijo de Dios había cumplido con creces la voluntad del Dios del cielo y de la tierra y ahora todos los seres visibles e invisibles le rendían honor y tributo y recibía toda potestad en el cielo y en la tierra.

La piedra removida por el ángel nos recuerda que esa mañana Jesús consumó el más grande de los triunfos que se podía obtener: venció a la muerte con poder y nos redimió de ella para siempre. La tumba vacía nos recuerda que Cristo vive y vive para siempre.

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