ODIADOS

Dice la Biblia en Mateo 24:9

“…y seréis aborrecidos de todas la gentes…”.

Hace apenas unos días Mireille Knoll, una judía sobreviviente del holocausto fue asesinada y quemada en París, Francia en lo que se considera ya un crimen de odio muy probablmente ligado al antisemitismo que de nueva cuenta recorre Europa con su veneno de intolerancia.

El homicidio de una anciana de unos 85 años ha reavivado en toda Europa el temor del resurgimiento del odio racial porque confirma la sospecha de todos: el antisemitismo se encuentra agazapado, listo para salir a fllote con mayor fuerza que en el siglo pasado.

El pueblo de Israel ha sufrido como pocos o más bien como ninguno en toda la tierra a lo largo de toda sus historia. En Egipto, tempranamente, fueron diezmados con pesadas cargas y con una monstruosa y vil manera de control natal que dejaba con vida a los recién nacidos si eran niñas y se quitaba la vida si eran niños.

Más recientemente en Alemania el siglo pasado fueron asesinados más de seis millones de judíos por ese solo hecho: ser judíos. Los horrores de los campos de concentación nazis han llegado hasta nuestros días para recodarnos que al pueblo hebreo se le odia con odio irracional.

Y ese es el sentido con el que Jesús usó la expresión “seréis aborrecidos” que ocurriría en los días finales de este mundo. De nueva cuenta el pueblo de Israel será odiado y será maltratado como ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la humanidad, pero con mayor intensidad.

Mateo toma en estas palabras una dirección para dirigirse a lo que será la historia final de Israel. Sufrimiento, dolor, angustia y conjoga antes de recibir a su Mesías. El antisemitismo que vemos y leemos en medios de comunicación es una realidad que de nueva cuenta puede levantar persecución contra la nación escogida por Dios.

Cristo anunció que esto ocurriría con su pueblo como parte del principio de dolores antes del fin para alertarnos y estar concientes de lo que ocurrirá con su pueblo al que vendrá a salvar esta vez con brazo fuerte y poderoso como lo hizo en Egipto para instalarlo para siempre junto a Él.

El regreso de Cristo terminará para siempre con ese odio demencial hacia los judíos que con quienes la iglesia compartirá la bendición de estar en la presencia de Cristo.

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