La insensatez de diverstirse con maldades

Dice la Biblia en Proverbios 10:23

“El hacer maldad es como una diversión al insensato…”.

La industria del entrenamiento genera en todo el mundo miles de millones de dólares al año porque cada vez más los seres humanos buscan nuevas maneras de divertirse y entrenerse. Deportes extremos, viajes al espacio y un largo etcétera forman parte de las nuevas formas de combatir el aburrimiento, sobre todo en las clases pudientes.

Y divertirse forma parte de las necesidades con las que el ser humano fue creado. Las actividades lúdicas forman parte de los bienes necesrios que el ser humano debe tener para su bienestar físico y emocional, pero siempre y cuando se haga dentro de los límites del respeto a su persona, a los demás y a su entorno.

El proverbista dice que el insensanto, que algunas versiones traducen como bruto y otras como necio y tonto, tiene como diversión hacer maldad con lo que nos deja en claro que desde hacen miles de años el ser humano en una de sus más pervertidas desviaciones goza o disfruta practicando la maldad.

Lo dramático de nuestros tiempos es que ahora no solo nos enteramos de esta clase de malignidad por medio de la prensa escrita o radio y televisión, sino que quienes practican esta clase de atrocidades las hacen públicas a través de las redes sociales donde se regodean de sus malas acciones.

Así por ejemplo, podemos encontrar personas que se divierten introduciendo en una botella a un infenso gato o que encuentran disfrute maltratando un pequeño perro con el que goza dañándolo y ni que decir de aquellos que se divierten causándole males a sus semejantes.

La palabra de Dios califica como insensatez, expresión que algunas otras versiones también traducen como estupidez o sin razón y hasta locura, disfrutar haciendo el mal porque refleja la perdida de toda sensibilidad y el extravío de los sentidos de manera muy grave y triste.

Al escribir este texto, el proverbista quiere que nos alejemos de esta clase de acciones y por supuesto también de quienes las práctican porque su destino es muy claro: su propia destrucción.

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