La ley de los frutos

Dice la Biblia en Mateo 7: 16

“Por sus frutos los conoceréis, ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?”.

Jesús dejó a sus discípulos las reglas o mecanismos para identificar a los verdaderos creyentes de los falsos y por supuesto también a los sinceros líderes de los impostores a través de una muy breve, pero esclarecedora parábola: los espinos no producen uvas, ni los abrojos higos.

Con estos ejemplos, comparaciones o símiles Jesús quiso dejar bien en claro que la manera de percatarse si está uno delante de un auténtico servidor suyo era por lo que producía su vida o por los resultados de su fe. Es muy sencillo en realidad saber que clase de creyente es una persona, solo basta mirar la clase de vida que lleva.

Pero la enseñanza de Cristo es más profunda si tomamos en consideración que ese mismo parámetro para saber si un discípulo es verdadero o falso lo tomamos como referencia para nuestras propias vidas. ¿Soy un verdadero creyente? La respuesta es sencilla: los resultados o las acciones que despliego son buenos.

Es cierto que mucha gente puede pasar como un fiel seguidor de Cristo de dientes para fuera cuando en realidad su vida y su carácter en lo privado o intímo no reflejan las enseñanzas del Señor, pero tarde o temprano saldrá a luz y se conocerá las verdaderas motivaciones de ese seguidor.

Una persona puede engañar por mucho tiempo a algunas personas o puede engañar poco tiempo a muchas personas, pero nunca podrá engañar en todo tiempo a muchas personas. La mentira se caerá y entonces su vida será sometida a la prueba de los frutos y tal vez quede reprobada.

La ley de los frutos es inviolable, insustituible e insuperable para definir a todos los creyentes. Es el tamiz para conocer que hay en la vida de cada discípulo, es la prueba para conocer a los pseudo creyentes y es el gran detector de los grandes hipócritas dentro de la iglesia.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: