El testimonio

Dice la Biblia en Hechos 7: 58

“…y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.”

Este fue el primer contacto que Pablo tuvo con el cristianismo. El vio y oyó la devoción y entrega de Esteban, un hombre lleno del Espíritu Santo y sabiduría y atiborrado de gracia y poder que hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo hebreo, el joven que murió apedreado y marcó la vida del apóstol.

Al principio le fue difícil entender como un hombre como Esteban soportaba una muerte tan cruel y dolorosa solo por seguir al nazareno. En cierto sentido Pablo pensaba que el primer mártir de la iglesia cristiana había recibido su merecido por propagar ideas y enseñanzas contrarias a Ley judía de la que se sentía un fiel defensor.

Pero cuando Jesús lo alcanzó en el camino a Damasco, la perspectiva de Saulo de Tarso cambio diametralmente. Supo entonces que la muerte de Esteban con toda serenidad y tranquilidad ante una turba que lo lapidó fue posible porque Jesús estaba vivo. La fortaleza del diácono era resultado del poder de la resurrección.

A partir de allí Pablo entendió y comprendió que no podía hacer menos que Esteban y ese varón se convirtió en su gran referente. Él quería ser como él. Esteban dio su vida por Jesús, sin importarle la manera en la que habría de morir. Sin importarle absolutamente nada, sino solo obedecer a su Señor.

Por eso una y otra vez Pablo escribe en sus cartas textos como “para mi el vivir es Cristo y el morir el ganancia”, “he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe, por lo demás me espera la corona de justicia” y “no solo estoy dispuesto a sufrir por el Señor, sino también a morir por él.”

Pablo vivió toda su vida recordando a Esteban y el mejor homenaje que le podría hacer a ese varón que soportó de manera paciente su muerte, era abrazar la fe con todas sus fuerzas y enfrentar a sus poderosos opositores como aquel los había enfrentado. No hacerlo sería una canallada. La cobardía por la muerte no entraba en sus planes.

La historia de Esteban y Saulo nos enseña la importancia del testimonio cristiano. No me imagino ni a Esteban renunciado a su fe con tal de salvar su vida, ni a Pablo tan impactado por la decisión de Esteban de morir por Cristo. Pablo supo que seguir a Cristo era algo más que palabras, que se tenía que entregar la vida al Señor.

Nuestro testimonio marcará a quienes nos rodean porque toda la gente que nos mira y oye se acuerda más de cómo los hace uno sentir que de todo lo que uno dice.

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