Canción a Dios

Dice la Biblia en Salmos 104: 33

“…A mi Dios cantaré salmos mientras viva.”

¿Qué hace uno mientras vive? Algunos dedican su tiempo a producir riqueza, otros a disfrutar de la vida, unos más a derrochar el tiempo en vanidades y muchos otros a dejar pasar el tiempo sin una razón que motive su existencia o que le de sentido a su diario vivir.

El salmista había tomado una determinación: mientras él viviera se dedicaría a cantarle salmos al Señor. Obviamente sin dejar de buscar su sustento. Cantar a Dios se convirtió en la manera de gastar su vida durante su peregrinaje en la tierra. Es una decisión sabia porque define un estilo de vida distinto al de mucha gente.

En la vida mucha gente canta. La mayoría de las veces lo hace porque esta contenta, alegre y sólo algunos cantan de dolor y desesperanza por una traición, por una pena o porque han sido abandonados. Pero en general la gente canta porque de esa manera expresa su alegría.

El salmista nos hace reflexionar en la importancia de cantar. Dios dotó al ser humano con esta bendita capacidad de emitir un sonido que acompañado con música o sin música nos permite aflorar nuestras emociones de una manera que es posible desahogar cualquier estado de ánimo.

Todos en el mundo pueden cantar ese es un hecho. Con tantos géneros musicales que existen en el mundo todos absolutamente todos pueden elegir el que más les agrade o el que más les produzca alegría. Sin embargo el salmista ha escogido un tipo de música o canto para acompañar su vida.

El autor del texto de hoy ha decido cantar salmos. Los salmos son melodías dirigidas a Dios en todos los estados de ánimo que el hombre puede tener: alegría desbordada, gozo por triunfos, pero también tristeza por problemas, depresión por dificultades que parecen no tener solución y paz en medio de dificultades.

Cantar salmos a Dios es compartir nuestras experiencias agradables y desagradables con él. Es decirle que nos sentimos muy a gusto con él en cualquiera de las situaciones que tengamos que atravesar. Cantar salmos a Dios mientras uno viva es la mejor decisión que podemos tomar.

Así le permitimos que nos acompañe en todo tiempo.

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