Integridad

Dice la Biblia en Salmos 101: 2

“Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí.”

La palabra hebrea que el salmista usa para perfección es tamim. Esta expresión es utilizada de tres maneras en el Antiguo Testamento como “completo”, “sin defecto” y como “integridad” y se refiere, por lo menos en este texto, a la clase de conducta que deben guardar todos aquellos que se acercan o sirven a Dios.

La integridad es un asunto complejo porque la expresión connota una vida sin doblez ni hipocresía. Una vida abierta al escrutinio (revisión) de Dios y de los hombres. Una vida donde lo privado no riñe con lo público porque no hay nada de que avergonzarse de lo que se hace en lo íntimo.

Pero a pesar de su complejidad Dios demanda y exige que sus hijos vivan en integridad. De hecho en el salmo 15 es un requisito para habitar en su presencia. Dios requiere que la vida de sus hijos pueda ser igual en lo público que en lo privado de tal forma que haya congruencia en el estilo de vida de sus seguidores.

El salmista dice que entenderá ese camino, el de la perfección (integridad) cuando Dios venga a él. La integridad queda entonces como uno de los resultados de conocer a Dios. Fuera de ese conocimiento es difícil y resultara muy, pero muy, complicado vivir íntegramente para con nuestra familia y seres queridos.

Dios inyecta a sus hijos la necesidad de vivir en integridad. Es una virtud que nace de su presencia no de un acto de la voluntad humana que se inclina siempre por esconder y hacer opaca la conducta privada y hace que prevalezca siempre la vida pública aunque no haya congruencia entre ésta y aquella.

Una paráfrasis de este texto podría quedar de la siguiente manera: Señor ven a mí para que entienda el camino de la integridad.

 

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