Vida

Dice la Biblia en Salmos 119: 50

“Ella es mi consuelo en mi aflicción; porque tu dicho me ha vivificado.”

Cuando uno atraviesa problemas y dificultades fuertes en nuestro peregrinar sobre la tierra uno siente que la vida se extingue. Hay circunstancias de nuestra existencia que nos hacen languidecer. Los seres humanos nos debatimos entonces interiormente sin saber qué hacer exactamente.

Es entonces cuando la Escritura se yergue imponente para consolar y aliviar nuestros atribulados corazones porque en sus páginas encontramos historias de personajes que nos enseñan que el sufrimiento formó parte siempre de un plan divino con alcances más allá de esta pasajera vida.

La Biblia tiene esa particular bondad: consuela nuestros corazones en esas horas inciertas, en esos momentos de profundo dolor o en esas situaciones donde todo parece perdido sin más que hacer. La palabra de Dios se levanta poderosa para confortar nuestra alma.

Cuando nada ni nadie puede darnos consuelo, la Escritura nos señala el sendero a seguir, el camino a recorrer y sobre todo la actitud a asumir ante los infortunios, las desgracias y las vicisitudes que a diario empañan nuestra alegría y gozo o las penas que atravesamos en enfermedades y perdidas de todo tipo.

El salmista que escribe el texto de hoy lo asegura categórico: la Escritura lo ha consolado grandemente porque le ha dado vida; ese es el sentido de la palabra “vivificar”. La Biblia no comunica información y datos como muchos otros libros. La gran diferencia entre la Escritura y todos los demás libros es que comunica y transmite vida.

Sus historias no están confinadas exclusivamente al pasado. Son historias actuales y vivientes que nos enseñan, muestran y demuestran una y otra vez que Dios tiene planes y propósitos que escapan a nuestro entendimiento y que el sufrimiento siempre forma parte de un proyecto que Dios tiene supervisado para cada uno de nosotros.

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