Cánticos

Dice la Biblia en Salmos 119: 54

“Cánticos fueron para mí tus estatutos en la casa donde fui extranjero.”

Una de las múltiples manera de conectarnos con Dios es por medio de la música. Sobre todo en aquellos momentos de aflicción cantar a Dios constituye uno de los grandes recursos que los hijos de Dios tienen a la mano para consolar su corazón, pero también en los momentos de alegría y regocijo los cánticos son muy pertinentes.

A lo largo de su historia los judíos han experimentado, como ningún otro pueblo, la salida de su hogar en Israel por causa de guerras, principalmente. Así, los encontramos en todo el mundo durante varias centurias, solo hasta el siglo XX fue que se restablecieron en su tierra.

La diáspora judía los llevó por todos los rincones del mundo y lograron milagrosamente preservar su identidad, asidos siempre a la Escritura y en medio del caos y la desolación utilizaron la música, pero no cualquier música, sino aquella que se originaba en la Tora o Pentateuco.

El texto de hoy recuerda lo importante y relevante que resulta acercarse a Dios por medio de la adoración y alabanza recordando que los salmos, himnos y cánticos espirituales que tienen como fundamento o como cimiento la palabra de Dios tiene un poder sobrenatural para deshacer cualquier opresión que viene a nuestra vida.

Es muy cierto que lo último que las personas quieren hacer cuando están afligidas es cantar. El sombrío panorama que llega a nuestra vida en medio de las necesidades parece tener como finalidad cerrar nuestros labios para ya no solo no cantar, sino definitivamente ya no hablar nada de Dios.

El salmista nos invita a cantar a Dios en medio de cualquier adversidad y quizá nos sirva muy bien el ejemplo de Pablo y Silas que a media noche en la cárcel de Filipos, presos injustamente, golpeados por los soldados romanos, cantaron a Dios y la prisión del lugar se abrió merced a un sismo de grandes magnitudes. (Hechos 16).

La gran virtud de los cánticos a Dios es que rompen las cadenas que nos quieren aprisionar. Nos liberan de la opresión y nos permiten ver a Dios tal como es.

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