Árboles buenos y malos

Dice la Biblia en Mateo 7:18

“No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.”

Hace muchos años leí esta fábula:

En el bosque se suscitó una inundación. Justo en ese momento se encontraron el alacrán y una ranita. El alacrán tenía todas las intenciones de morder a la rana, pero ésta le propuso un acuerdo: “No me muerdas”, le dijo y “te llevaré a la otra orilla”. “Si me muerdes los dos moriremos”, lo convenció.

Así los dos nadaron a la otra orilla. El alacrán encima de la ranita. Parecía que ambos habían salvado su vida. Pero justo a unos cuantos metros de llegar a la meta, el alacrán mordió a la ranita, quien volteó a verlo y le preguntó: “¿Por qué lo hiciste?” Y el alacrán contestó: “Perdón, esta en mi naturaleza.”

Cuando Jesús estableció el principio que un buen árbol no da malos frutos y un árbol malo tampoco puede dar buenos frutos estableció una verdad que nos sirve para distinguir claramente que las buenas obras son el resultado de personas buenas y las malas acciones es el resultado de malos hombres y malas mujeres.

Una persona buena inequívocamente va a tener buenas obras. En el caso de los hijos de Dios como han sido engendrados por Dios y la simiente divina ha sido plantada en ellos las acciones bondadosas son un resultado natural en su existencia. No pueden actuar de otra manera porque la compasión ha sido injertada en ellos.

En sentido contrario, una persona que no ha conocido a Dios difícilmente podrá tener buenas obras porque su naturaleza caída la domina y le lleva a hacer acciones negativas contra su prójimo. Esa es su naturaleza como el alacrán de la historia que les he relatado al inicio de este devocional.

Jesús quiso enseñar a sus seguidores a discernir perfectamente cuando se está ante estas dos clases de personas y tener sumo cuidado con aquellos malos árboles porque nunca obtendremos de ellos buenos frutos.

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