Multiplicación de la maldad

Dice la Biblia en Mateo 24:12

“y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”

El regreso de Cristo estará antecedido por una creciente manifestación de la maldad. La conducta de los seres humanos será idéntica a los días de Noé cuando la violencia y la falta de respeto por la vida y los más elementales valores de convivencia trajeron el diluvio que sirvió como juicio para sancionar a la humanidad por su falta de amor hacia la vida.

La maldad será tan grande que provocará el enfriamiento del amor de muchas personas que al ver a los malvados ejecutando sus malignas acciones serán contagiados por ellos y caerán en la misma e idéntica actitud con lo que el mundo completo quedará sumido el odio, las rencillas, el rencor y todo aquello contrario a esa virtud.

La gente se cansará de luchar contra el mal y se sumará en su práctica porque por donde quiera que vea se estarán cometiendo hechos de injusticia sin que aparentemente la gente reciba su merecido. Será tan grande la impunidad de esos días que hasta las personas más sensatas se cansarán de hacer el bien.

Las palabras de Cristo son una gran advertencia para esos días, pero también son validas para todo momento porque el justo lucha o libra diariamente una batalla contra el mal y en esa “guerra” no caben ni renuncias, ni distracciones porque pueden llevarlo a caer en las garras del mal.

La maldad que nos rodea o que de repente nos alcanza tiene como riesgo que nuestro corazón experimente el deseo de venganza o dejar de hacer el bien, pero debe prevalecer siempre el amor hacia nuestro prójimo a fin de que la frialdad por la ausencia de compasión no nos haga desmayar.

Una persona cuyo amor se ha enfriado es una persona que ha dejado de pensar en los demás para concentrarse exclusivamente en sí misma y el egoísmo nunca trae buenas consecuencias a nadie porque supone convertir a quien lo practica en un dios para sí mismo haciendo a un lado al Señor de la creación.

Cuando Cristo vuelva habrá mucha maldad y volteando nuestros ojos en este mundo parece que está más cerca de lo que pensamos. Maranata, el Señor viene.

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