Sabiduría e inteligencia

Dice la Biblia en Job 28:28

“…He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia.”

El capítulo 28 del libro de Job es una preciosa composición poética sobre la sabiduría y la inteligencia. A lo largo también de 28 versículos Job diserta sobre la forma en que el hombre ha penetrado el suelo en busca de metales preciosos que están ocultos en lo más profundo de la tierra y los ha encontrado y con ellos se ha enriquecido y se ha hecho poderoso.

El planteamiento de Job es muy sencillo: si el hombre ha sido capaz de ir más allá la superficie terrena para buscar piedras valiosas que le permiten tener riquezas, debe hacer también ese mismo esfuerzo para obtener la sabiduría por una valiosa y poderosa razón: la sabiduría sobre pasa en importancia y valor al oro, la plata, el bronce, el zafiro y el topacio.

En ese capítulo Job se hace tres preguntas: 1. ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? 2. ¿De dónde vendrá, pues, la sabiduría? Y 3. ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia? Y allí mismo responde que la inteligencia está en Dios y de Él procede la sabiduría que explica de dos maneras sencillas para que todos entiendan.

La sabiduría se obtiene por conducirse con temor de Dios. En otras palabras el hombre se vuelve sabio si respeta y guarda los mandamientos de Dios. Y los seres humanos pueden obtener inteligencia si se apartan del mal. Es decir al dedicarse a hacer el bien como consecuencia natural la inteligencia se desarrolla en cada persona.

La sabiduría e inteligencia de la que habla Job no es aquella que hace de que las personas logren licenciaturas, maestrías y doctorados por su capacidad cognoscitiva, sino aquella capacidad para saber qué hacer ante las dificultades de la vida lo cual definitivamente no se enseña en ninguna escuela.

Un hombre o una mujer es sabio o inteligente desde el punto de vista de Job no por los grados académicos que posea (eso no significa de ninguna manera que el hijo de Dios los desdeñe. Si los puede obtener es mucho mejor), sino por una vida temerosa de Dios y apartada del mal que le permitirán siempre distinguir entre lo bueno y lo malo y optar siempre por lo bueno.

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