El compromiso con la Escritura

Dice la Biblia en Salmos 119:106

“Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios.”

Obedecer los mandamientos de Dios requiere algo más que buenas intenciones o buenos deseos. Ajustar nuestra conducta a los preceptos del Señor reclaman ante todo un compromiso solemne porque se habrá de enfrentar una serie de adversarios y adversidades que pondrán a prueba nuestra determinación de hacer de la palabra de Dios nuestra norma de vida.

En la parábola de “El sembrador”, Jesús presentó a quienes intentarán robarnos la palabra del Señor plantada en nuestros corazones: 1. El maligno. 2. La aflicción o la persecución. 3. El afán de este siglo y 4. El engaño de las riquezas. Poderosos enemigos que tendrán como objetivo central que nos olvidemos de los mandamientos de Dios.

De allí se entiende que el salmista haga un juramento y luego ratifiqué ese juramento de que obedecerá los dicho del Señor. Se necesita un compromiso de verdad en serio y sin condiciones para hacer que la Biblia sea el referente máximo de nuestra existencia y no meramente un libro con buenas enseñanzas.

En el mundo existen millones de libros, pero ninguno como la Biblia exige una rigurosa obligación de cumplir con lo que dice aún en las condiciones más difíciles para el creyente. Y es que en la Biblia encontramos mandamientos de Dios que van contra toda lógica, pero siempre con un propósito.

A Noé se le pidió que construyera una arca porque vendría un diluvio cuando aún no había llovido siquiera en la tierra. A Abraham se le pidió que diera a su hijo en sacrificio. A Mateo se le pidió que dejara el banco de los tributos para seguir a Jesús y a Ananías se le pidió que fuera a orar por Pablo, un perseguidor feroz de la iglesia y los creyentes en Jerusalén.

Todos ellos dieron un sí a la palabra de Dios porque habían jurado y ratificado que guardarían los mandamientos. Obedecer a Dios requiere, exige, demanda y pide que hagamos siempre un pacto con Dios de hacer su voluntad, aún en contra de nuestros deseos y nuestra propia voluntad.

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