El castigo de la falsedad

Dice la Biblia en Mateo 7:19

“Todo árbol que no da buen fruto, se corta y se echa al fuego.”

Los ejemplos de Jesús fueron muy claros para entender el mensaje del reino de los cielos y cuando utilizó la comparación con los árboles para hablar de la esencia de los falsos profetas fue contundente: un falso profeta no puede ser bueno porque alguien que finge ser algo sin serlo es una persona completamente envilecida.

Por eso el símil de un árbol que no da buen fruto que se corta y echa al fuego es muy fuerte o muy duro. Los judíos tenían claro a qué se refería Jesús cuando enseñaba que un árbol improductivo en una viña sencillamente se cortaba y luego se quemaba para que no ocupará un lugar ociosamente.

Y un falso profeta ocupa un lugar y no produce nada y por ello es necesario cortarlo exactamente como se corta un árbol que no produce ningún buen fruto.

La intención de Jesús con ese ejemplo era advertir el destino de los falsos profetas y el fin de todos aquellos que fingen o usurpan un cargo o título sin que el Señor o la iglesia los hayan enviado. Aquí bien cabrían los falsos hermanos, los falsos maestros y falsos apóstoles que hoy en día inundan y saturan pulpitos.

La razón de esta condena tiene como origen o argumento principal que el maligno es el gran maestro del plagio. Él se viste como ángel de luz sin serlo. Quien se dice alguien en la iglesia sin serlo está repitiendo esta acción y por ello es evidente que se necesita sancionarlo duramente.

Los dones en la iglesia son otorgados soberanamente por el Espíritu Santo. Tomar un don por cuenta propia es tomar el lugar del Espíritu de Dios y esa es una temeridad que se debe castigar de manera ejemplar y contundentemente.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: