David: un hijo cariñoso con su madre

Dedicado a mi querida madre, Celia Zúñiga que me espera en el cielo

Dice la Biblia en 1º Samuel 21:3

“…y dijo (David) al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros hasta que sepa lo que Dios hará de mí.”

Cuando Saúl comenzó a perseguir a David, éste supo claramente que toda su familia estaba en grave peligro. Si Saúl no tuvo empachó en liquidar a 85 sacerdotes del Señor, menos cargo de conciencia tendría en matar a toda su familia, por ello todos sus parientes salieron a él cuando llegó a la cueva de Adulam. Sus padres y toda su parentela llegó allí para salvar su vida.

La cueva con todo y que los protegía de la demencia de Saúl y los resguardaba del sol, la arena del desierto y las altas y bajas temperaturas de ese inhabitable lugar, era incómoda a todas luces y aún más para personas de edad avanzada como eran los padres de David. El papá y la mamá de David rondaban en los setenta y ochenta años, si no es que más, cuando tuvieron que huir de Belén.

Al verlos, David sabía que a sus padres si no los mataba Saúl, sin duda morirían en esa cueva porque su edad les hacía imposible habitar allí. Por eso decidió mandarlos con el rey de Moab. David sabía perfectamente que ir a Moab no era precisamente la mejor decisión porque la Torá judía prohibía relacionarse con ellos.

Además, David recordaba la historia familiar: Huyendo a Moab para salvar su vida murieron Malón y Quelión, hijos de Nohemí y Elimelec.

Pero David estaba en estrecho y tomó esa decisión porque los abuelos de Isaí, padre de David eran de Moab. Rut la moabita había llegado a Belén y se casó con Booz. Y evidentemente estarían mucho mejor en ese lugar con los que tenían lazos familiares por sus ancestros. Decisión que duró solo un poco de tiempo.

Esta historia nos retrata la clase de hijo que era David. Un hijo cariñoso y amoroso con su madre. Un hijo que buscó por todos los medios ayudarla. Un hijo que no se desentendió de ella en su vejez. Un hijo que buscó lo mejor para ella y no dijo que “¿hacen mis demás hermanos?”.

David es la clase de hijo que asume la responsabilidad de su madre como si nadie más existiera. A quien no le importa lo que tenga que hacer con tal de cuidarla y no darle motivos para entristecer su corazón. Es la clase de descendiente que cualquier esfuerzo es menor comparado con todo lo que recibió de su progenitora.

Por esa razón la Escritura no se equivoca cuando dice que “David tenía un corazón, conforme al corazón de Dios”.

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