Dirigidos por Dios

Dice la Biblia en Génesis 12:5

“Tomó, pues, Abram a Saraí su mujer…”.

Después de Adán y Eva, la siguiente pareja que la Biblia menciona con los nombres del esposo y la esposa, es precisamente la de Abram y Saraí. El patriarca del pueblo de Israel y su consorte forman parte importante del relato en el libro de Génesis debido a que fueron el instrumento divino para la formación del pueblo de Israel.

Dios había hablado al padre de los judíos para que saliera de Ur a la tierra que siglos después los hebreos habrían de tomar en posesión y Abram (aún no le cambiaban el nombre por Abraham) se dispuso a hacerlo de inmediato. No quiso desobedecer, ni tampoco quiso dilatar el llamado y salió hacia un lugar que ni siquiera conocía.

Y llevó consigo a su mujer en lo que representa una de las grandes enseñanzas para la vida matrimonial. El esposo que se deja conducir por Dios podrá convencer también a su esposa de obedecer también a Dios. La fe de Abram contagió a su consorte quien salió con él a una aventura porque no sabían el destino exacto.

Y justamente así es la vida matrimonial: una gran aventura a la que Dios nos llama. Sabemos justamente el punto de partida, pero desconocemos absolutamente el punto de llegada. El esposo aprendiendo a escuchar la voz de Dios a través de su bendita palabra sabrá orientar y dirigir la nave familiar y llevarla a donde Dios quiere que llegue.

Y la esposa sujeta a él permitirá dirigirse para llegar juntos, unidos y felices hasta el lugar al que Dios quiere llevarlos. Abram nos enseña a los esposos que es sumamente importante saber hacia donde vamos y con la dirección de Dios aunque a veces parezca que deambulamos, siempre tendremos rumbo para dirigir a nuestra esposa primero, luego a nuestros hijos e hijas.

Saraí no se imaginaba que sería recordada por miles de generaciones al sujetarse a Abram. Ella pudo haberse resistido a salir de su lugar, pero optó por seguir a su marido a lo que parecía una loca y peligrosa aventura, pero finalmente fue la mejor decisión que pudieron haber tomado los dos juntos: hoy sus descendientes tienen un lugar en la tierra de Israel.

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