Derrotando la maldad

Dice la Biblia en Salmos 54:6

“…Alabaré tu nombre porque es bueno.”

Estas fueron las palabras que David dirigió a Dios cuando se enteró que los habitantes Zif, una ciudad en el desierto fueron a Saúl para decirle que se ocultaba en su tierra, lo que obligó al fugitivo David a huir de ese lugar y parar en el desierto de Maón donde estuvo a punto de ser capturado por Saúl. Todo por culpa de los indiscretos zifeos.

Pero David en lugar de centrar toda su atención en ese hecho traicionero de sus delatores optó por bendecir a Dios. El salmo 54 da cuenta de la actitud que David asumió ante una acción que rompía su corazón porque sin haberles hecho ningún daño a los zifeos su actitud fue artera y alevosa.

Cuando se nos daña sin haber hecho nada contra nuestros detractores la primera reacción es de enojo, molestia y deseo de vengarnos, pero David nos enseña que lo que mejor podemos hacer es encomendarnos a Dios y recodar siempre que Él es bueno y para siempre es su misericordia y su fidelidad.

La maldad de los seres humanos siempre estará presente y para no caer en ella debemos recordar siempre que la bondad de Dios es nuestro único y seguro refugio. David no se desmoronó ni se desalentó sino que encomendó su causa a Dios y alabó el nombre del Señor reconociendo que es bueno.

A la maldad no la debemos tratar con maldad. Mil años después de David, Pablo escribió en sus cartas que la mejor manera de vencer el mal era haciendo el bien. De los malvados Dios se encargará y por eso es mejor dedicarnos a hacer el bien, aun cuando los malvados quieran dañarnos.

Una de las maneras de hacer el bien es alabar a Dios reconociendo su gran bondad.

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