Palabras de vida

Dice la Biblia en Salmos 119: 105

“Afligido estoy en gran manera; vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.”

El sufrimiento en la vida del hombre es una circunstancia inevitable; la enfermedad, las pérdidas materiales y la muerte de nuestros seres queridos forman parte de las adversidades que a lo largo de su devenir en la tierra enfrentarán los seres humanos y en los que necesariamente requerirán ayuda y apoyo para salir adelante.

Sin embargo algunas de estas situaciones será más graves para unos que otros. El autor del texto que hoy meditamos esta atravesando aflicciones muy grandes que lo hacen desfallecer a tal punto que se siente morir. Y es que hay situaciones que nos provocan tanto dolor como la perdida de un hijo o la esposa o de toda la familia o todo tipo de pérdida material que sencillamente nos arrancan el aliento.

Ante este panorama el salmista se refugia en Dios que devuelve el aliento y las ganas de vivir a través de la palabra de Dios. La Escritura tiene el enorme poder de dar vida de animar y reanimar, vivir y revivir, y nos ayuda a encontrar razones suficientes para seguir viviendo, a pesar del dolor provocado por los sufrimientos.

En la Biblia encontramos múltiples ejemplos del poder de la palabra de Dios. Encontramos al sufrido Job que en medio de la ruina material y física se refugio en Dios y no fue avergonzado y recibió fortaleza en medio de su aflicción.

En el Nuevo Testamento la historia de Jairo, un principal de la sinagoga en Capernaum, es un ejemplo de cómo en medio del dolor siempre podemos encontrar descanso y fortaleza en Dios. Cuando su pequeña hija enfermó gravemente el mundo se derrumbó a sus pies. Como pudo buscó a Jesús al que encontró al mismo tiempo que sus familiares quienes le informaron del deceso de su hija.

Jesús le dijo entonces: “No temas, tu hija sólo duerme” y bastaron esas palabras para ser reconfortado y regresar a su casa donde su hija yacía y Jesús obró un gran milagro que le devolvió la vida a esta pequeña. Las palabras de Cristo a la niña “talita cumi”, que quiere decir “a ti niña te digo levántate”, le devolvieron la existencia.

La palabra de Dios es espíritu y es vida y por eso puede dar vida en aquellos momentos en los que los problemas y sufrimientos parecen arrebatarnos la existencia misma. Por eso como Pedro podemos decir siempre: “A quién iremos, Señor, si sólo tu tienes palabras de vida eterna.”

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