Más que palabras


Dice la Biblia en Mateo 7:21

“No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”

Con la parábola de los dos hijos Jesús quiso enseñarnos la importancia de la obediencia, según leemos en Mateo 21:28-32.

28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. 29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. 30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.
31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. 32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

Cristo censuró a los escribas y fariseos porque la oración la habían convertido en “vanas repeticiones” y esta idea es la que parece reiterar a sus seguidores para evitar caer en lo mismo y pensar que por decirle al Señor, Señor su entrada al reino de los cielos estaba totalmente garantizada.

Cristo planteó que el acceso al reino de los cielos tenía que ver más con las acciones de sus seguidores que con sus palabras. Invocar al Señor sin cambiar su conducta era y es insuficiente para entrar a la presencia de Dios. Tiene que existir coherencia entre proclamar a Cristo como nuestro Señor y nuestras obras de obediencia.

Jesús trató y trata de evitar que sus seguidores desconecten o desconectemos nuestras acciones con nuestras palabras. Lo que Santiago diría fe y obras u obras y fe. Una fe sin obras está muerta y de igual modo exaltar a Dios sin obedecerle resulta ocioso para la vida espiritual de las personas.

Decirle al Señor, Señor sin obedecerle no nos llevará a ningún lugar.

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