La parábola de la sal

Dice la Biblia en Mateo 5:13

5Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; 6pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. 8Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. 9El que tiene oídos para oír, oiga.
10Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.Mt. 25.29; Mr. 4.25; Lc. 8.18; 19.26. 13Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

Introducción

Una de las enseñanzas menos comprendidas o tal vez más mal enseñadas es el ejemplo que Jesús utilizó al comparar a los discípulos o los creyentes o la propia iglesia como la sal de la tierra. La comparación, el símil o el ejemplo, como se puede traducir la expresión parábola se debe entender por el contexto en el que se dijo.

Para ello no debemos de perder de vista que cuando Jesús la dijo se dirigió a judíos para quienes la sal les resultaba algo sumamente familiar. Para ellos la sal estaba intímamente ligada a los sacrificios que se hacían en el templo de Jerusalén porque de acuerdo a Levítico ningún sacrificio debía de presentarse sin sal.

Por alguna razón en México y en otras muchas partes la sal ha estado o sigue estando asociada con malos augurios o con fuerzas del mal. De hecho en Oaxaca es muy común decir “te echó la sal” para referirse a una persona que sufre infortunios causados por otra persona.

Pero la sal, desde el punto de vista bíblico nada tiene que ver con estas ideas, sino todo lo contrario tiene un uso completamente distinto al que nuestra mente occidental tiene porque esta directamente relacionada con la comunión que los judíos tenían con su Dios a través de sus sacrificios.

Para mejor entender este texto es indispensable conocer el comentario que sobre Levítico 2:13 hace el rabino Rashí.

“La sal es un compente del agua, y es por eso que la promesa a las aguas implicaba un pacto con la sal. La fuente exacta de este midrash se ha perdido, pero es igualmente citado por Tosafot haRosh, el Rabán y el Rebenú Bejayé.”

“Ese midrash explica que cuando Dios separó las aguas superiores de las inferiores en el segundo día de la creación (Bereshit 1:6-7), las aguas inferiores se entristecieron mucho, ya que habían relegadas a un lugar inferior. A fin de apaciguarlas, Dios les prometió que serían utilizadas en las ofrendas y sucot.”

La sal acompañaba los sacrificios y la iglesia “acompaña” el sacrificio de Cristo

  1. La iglesia que acompaña el sacrificio de Cristo es útil
  2. La iglesia que olvida el sacrificio de Cristo es inútil

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