La parábola de los muchachos que se sientan en la plaza

Dice la Biblia Mateo 11:16-19

“Mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, 17 diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. 18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. 19 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos.”

Introducción

La detención de Juan El Bautista a manos de Herodes y la visita de dos de los discípulos para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperamos a otro?, sirvió para que Jesús enseñará esta parábola dirigida expresamente a los fariseos y escribas que se habían opuesto a Juan y ahora se oponía a Jesús.

La comparación que Jesús utilizó sirvió para englobar ya no sólo a los fariseos y escribas, sino a toda esa generación que vivía cuando Cristo llevó a cabo su ministerio porque la muchos de ellos asumieron la misma actitud de pesimismo e incredulidad que los fariseos tenían.

Ante tal situación, Jesús ofreció una explicación sencilla y digerible sobre lo que le ocurrió a aquellos hombres que teniendo el privilegio de conocer en persona al Hijo de Dios en lugar de rendirle honor y adoración, lo rechazaron y se burlaron de él y de sus enseñanzas.

Los muchachos o niños que se sentaban en las plazas les gustaba jugar un juego que veían de los adultos: un grupo de niños primero tocaba la flauta a la espera que sus compañeros de juego comenzaran a cantar. El juego consistía precisamente en oír notas alegres de una flauta como en un boda y lanzarse a bailar y danzar.

Después de tocar las flauta, un grupo de niños comenzaba a llorar como si estuvieran en un funeral y el juego consistía precisamente en que cuanto alguien comenzaba a llorar todos los demás deberían comenzar a llorar precisamente como si alguien hubiera muerto.

El rechazo al evangelio carece de justificación

Los judíos rechazaron a Juan El Bautista

La vida casi monástica de Juan El Baustia y su rigurosa y ascética vida apartada en el desierto a más de uno asustó. Desde joven había dejado Jerusalén y se había trasladado a un lugar desértico donde vivía de manera ustera y comía lo más indispensable no fue del agrado de muchos.

Esa clase de vida consagrada por completo y entregada al Señor le causo horror a muchos. Comer miel silvestre y langostas y vestir con piel de camello era demasiado. Su radicalismo no gustó entre muchos hebreos que al verlo no sólo decidieron no seguirlo sino también lo criticaron.

Juan El Bautista es el reflejo o la expresión más nítida de una vida en santidad, alejada de cualquier placer mundano e incluso distanciada de la comodidad y el confort que no tienen absolutamente nada de malo, pero que él decidió por voluntad propia renunciar a ellos.

Pero eso era demasiado para los judíos que si bien estaban compenetrados con las enseñanzas de la ley no por eso les gustaba la clase de vida que el hijo de Elisabet y Zacarías llevaba.

Rechazaron a Jesús

En el polo opuesto de Juan El Bautista estaba  Jesús. El Hijo del Hombre no vivió en lugares desiertos. Él se hizo hombre y habitó entre los seres humanos convivió con ellos. Lo invitaron a una boda en Caná de Galilea y fue. Marta, María y Lázaro lo invitaron a cenar a Betania y fue.

Simón el fariseo le pidió que fuera a su casa y fue a cenar con él. Jesús convivió con todos. Y eso en lugar de servir como una buen imagen para su causa, lo único que logró fue que los fariseos hablaran mal de él.

Los fariseos y escribas hablaron de Jesús y dijeron que era “…un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores…” y por eso lo rechazaron. En realidad era un pretexto acusarlo de esa manera para asumir una actitud que de antemano ya habían decidido: rechazarlo.

Los fariseos y escribas hablaron de Jesús y dijeron que era “…un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores…” y por eso lo rechazaron. En realidad era un pretexto acusarlo de esa manera para asumir una actitud que de antemano ya habían decidido: rechazarlo.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: