Salmo 51: David le pide perdón a Dios por su pecado con Betsabé

Dice la Biblia en Salmos 51: 1-4

1Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
2Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
3Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
4Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.

David le pide perdón a Dios por su pecado con Betsabé

I. Apela a la compasión divina por haber ofendido a Dios

Introducción

En los primeros cuatro versículos de este salmo encontramos a un David suplicante, acongojado que se acerca a Dios para apelar a su bondad y misericordia infinitas. David ha recuperado la conciencia respecto a la naturaleza del pecado. Después de haber ofendido a Dios él no tuvo conciencia de sus actos hasta que lo fue a ver el profeta Natán.

David ha descubierto o se ha percado de la magnitud de sus hechos. Ha despertado del sueño embaucador al que el pecado lo sometió y ha reaccionado abruptamente porque sabe lo que ha ocurrido a su vida al haber ofendido a Dios con su conducta pecaminosa.

El sabe perfectamente que sus obras son injustificables, que no se puede atenuar de ninguna manera su proceder y por eso se lanza con todas sus fuerzas para conseguir el perdón de Dios, derramando su corazón y humillándose delante del Señor para alcanzar su favor.

Cada una de sus palabras tiene la clara intención de mover y conmover el corazón de Dios. Expresan un profundo y genuino arrepentimiento. Él sabe que su pecado estuvo a punto de costarle su vida y quiere que Dios se apiade de él y lo perdone para volver a tener la misma comunión que siempre disfruto.

I. Apela a la compasión divina por haber ofendido a Dios

La primer petición que David hace es suplicar que Dios tenga piedad de él y que borre sus rebeliones de acuerdo a la multitud de sus piedades. Esa es la primer gran solicitud del rey David: que Dios se apiade de Él porque sus acciones se enmarcan dentro de lo que se conoce como rebelión.

Él mismo se había puesto el castigo que le correspondía por los hechos cometidos: era digno de muerte y debería de pagar en  cuatro tantos lo hecho a Urías el heteo. Ese sería su castigo y él sabía plenamente porque sus acciones se inscribían en la conducta que él mismo definió como rebelión.

La palabra rebelión que usa aquí David es la misma que estudiamos en el salmo 32 cuando abordamos los términos relacionados con el pecado como son la iniquidad, transgresiones y rebelión. La rebelión es una acción ofensiva delante de Dios sin atenuantes porque el pecado se ejecuta a sabiendas de que esta mal lo que se está haciendo.

David sabía perfectamente que había caído en el mismo pecado de su antecesor, Saúl quien fue desechado por Dios por haberse rebelado contra el Señor. Según leemos en 1º de Samuel 15:23 “Porque la rebelión es como pecado de adivinación…”, David conocía los resultados de esa clase de pecado.

De allí que apela a la piedad de Dios y también a su misericordia porque comprendió cabalmente que no sólo había pecado, sino también se había rebelado contra Dios al actuar como actuó.

Al apelar a la compasión divina el salmista pide por lo menos, además de piedad por sus rebeliones,  dos cosas más: 1. Lávame de mi maldad. 2. Límpiame de mi pecado. Y reconoce al menos A. Sus rebeliones. B. Su pecado. C. Ha hecho lo malo delante de los ojos del Señor.

II. Lávame de mi maldad

David utiliza esta figura poética para expresar que se siente sucio o que están muy sucio. Uno de los grandes defectos de la maldad es que nos ensucia nuestro interior. David esta pidiéndole a Dios que lo lave, pero no con cualquier clase de lavado, sino que le dice: “Lávame más y más de mi maldad”, es decir pide una limpieza total.

La maldad interna en el hebreo se conoce como “yeitzer ha-ra” que algunos traducen como la inclinación maligna y otro más como los malos instintos habían derrotado a David y lo habían derrotado y en consecuencia había quedado manchado como la ropa blanca que se mancha y requiere de un lavado especial.

III. Límpiame de mi pecado

El pecado de David con Betsabe lo ensució terriblemente de sus ropas con las que servía a Dios y debía ser limpiado. David llega ante la presencia de Dios plenamente consciente de que está completamente sucio y necesita ser limpiado. Él ha reconocido plenamente lo que ha hecho y conoce que requiere ser limpiado.

El rey David utiliza una figura retórica de nueva cuenta para hacernos comprender la necesidad de la limpieza delante de Dios. Dios es limpio y quienes han de acercarse a él lo han de hacer en esa misma condición. Jesús nos enseñó que esta característica era indispensable para poder a ver a Dios.

En el sermón de la montaña, Jesús dijo: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.” (Mateo 5:8).  El pecado había ensuciado a David y necesitaba ser limpiado.

Un comentario en «Salmo 51: David le pide perdón a Dios por su pecado con Betsabé»

  • el 28 octubre, 2020 a las 18:15
    Enlace permanente

    Señor dame fortaleza y sabiduría perdonamos pecados ten misericordia lavame limpiame Amén

    Respuesta

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: