Salmo 51: David se arrepiente con sinceridad y humildad

Dice la Biblia en Salmos 51:15-19

15Señor, abre mis labios,
Y publicará mi boca tu alabanza.
16Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
No quieres holocausto.
17Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
18Haz bien con tu benevolencia a Sion;
Edifica los muros de Jerusalén.
19Entonces te agradarán los sacrificios de justicia,
El holocausto u ofrenda del todo quemada;
Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

Introducción

David había perdido los deseos de alabar a Dios. El pecado lo había alejado completamente del gozo de cantar y adorar a Dios. A pesar de ofrecer los sacrificios correspondientes David seguía igual, sin deseo ni ganas de exaltar el nombre de Dios. Fue así como entendió que los sacrificios que ordenaba la ley mosaica carecían de razón si no se acompañaban de humildad y sencillez.

David también comprendió, entonces, una verdad que los creyentes solemos olvidar: Dios siempre toma en consideración las motivaciones por las que hacemos las cosas. La vida espiritual en Cristo tiene como esencia lo que hay en cada uno de los corazones de los hijos de Dios, independientemente de lo que hagan dentro de la comunidad cristiana.

David no está diciendo que los sacrificios no tuvieran valor en esa época. Lo que estaba diciendo es que Dios se desagradaba cuando se pensaba que con solo ofrecerlo bastaba para alegrar el corazón del Señor.

El pecado había arrojado a David a ese horripilante lugar donde a la relación viva con Dios se convierte en una religión donde todo se hace de manera mecánica sin sentir o sin comprometernos con lo que estamos diciendo o haciendo.

David perdió su relación con Dios y se enganchó en una religión que no pudo traerle el gozo y alegría que produce Dios porque había comenzado a hacer las cosas solo por cumplir con lo que establecía la ley de Dios, sin poner allí el corazón.

David se arrepiente con sinceridad y humildad

I. Para poder alabar a Dios

II. Con todo su corazón

  • Para evitar la destrucción

I. Para agradar a Dios

Para poder alabar a Dios

David le pide a Dios que abra su boca porque parece haberse cerrado para adorarlo y bendecirlo. El pecado nos exilia de la presencia de Dios y en consecuencia nos impide alabarlo. Así estaba David y por eso le pide a Dios que le devuelva esos tiempos en los que podía alabarlo libremente.

Con todo su corazón

Por los pecados cometidos, David tuvo que ofrecer sus sacrificios ordinarios que le correspondían, según la ley levítica pero lo sentía insuficiente. Cumplir con ellos no bastaba para su corazón atribulado. La relación que tenía con Dios le hacía sentir incumplidas las santas demandas de Dios.

El sabía perfectamente que las demandas de santidad que Dios exigía iban más de ceremonias y por eso señala o reconoce que los verdaderos sacrificios que Dios acepta son a) el espíritu quebrantado y b) el corazón contrito y humillado.

La traducción al lenguaje actual utiliza la expresión sinceridad para la frase “espíritu quebrantado” y humildad para la frase “corazón contrito y humillado”.

Para evitar la destrucción

El pecado no solo afecta la vida de las personas. Afecta también su entorno. En el caso de David su conducta pecaminosa puso en riesgo la ciudad de Jerusalén que él mismo había conquistado y por eso le pide que sea protegida. La inclusión aquí de la ciudad de Jerusalén resulta significativa porque David no quiere que le ocurra nada.

Para agradar a Dios

Con una actitud sincera y humilde, entonces tendría sentido los sacrificios y en consecuencia Dios se agradaría.

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