Lámpara encendida

Dice la Biblia en Salmos 18:28

“Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas.”

El salmista David hace una extraordinaria composición cuando advierte que todos sus enemigos y Saúl han dejado de seguirlo y perseguirlo. En el salmo 18, David descarga todas sus emociones al saber que por fin la persecución en su vida ha terminado y esta a punto de comenzar el reinado para el cual Dios lo escogió.

Por días, meses y años, David deseó con todo su ser que pronto la persecución sobre su persona terminara y sus enemigos fueran derrotados para que su vida dejara de peligrar y se lograra instalar como el monarca al que Dios había elegido aún en vida de Saúl, pero fue un proceso largo y doloroso. Pero por fin estaba a punto de lograrlo.

Sin embargo a pesar de estar ya casi en una posición de privilegio, David se acordaba que necesitaba dirección. La figura poética que utiliza al decir “Tú encenderás mi lámpara” tiene como objetivo reconocer la necesidad de ser guiado de manera segura.

Si antes lo había requerido para salvar su vida, ahora lo requeriría más porque estaba a punto de tomar a su cargo la dirección absoluta de la nación hebrea, por sus lectura y meditación de la Torá judía sabía perfectamente la clase de reto que tenía al frente. El conocía la historia de Moisés y Josué, líderes de los israelitas.

Por eso admite que sólo Dios podía iluminar la oscuridad que a veces se cierne sobre los hijos de Dios y no permiten ver a cabalidad la dirección a seguir y es justamente allí donde Dios puede auxiliarnos para saber que camino o que decisión tomar, sobre todo cuando alguna determinación afecte no solo nuestra vida sino la de muchos más.

La comunión con Dios y nuestra cercanía con él será siempre la única manera de derrotar las tinieblas y oscuridad que de pronto llegan a nuestra existencia. Pidamos, entonces, a Dios que encienda nuestra lámpara.

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