Cuidado con los hacedores de señales

Dice la Biblia en Mateo 7:22

“Muchos me dirán en aquel día: Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”

Jesús declaró enfáticamente que habría personas que harían milagros en su nombre, pero sencillamente no entrarían en el reino de los cielos. Parece una contracción o una paradoja, pero en realidad es una clara advertencia tanto para aquellos que le encantan las señales prodigiosas como para quienes las ejecutan, atrayendo los reflectores hacia sus personas.

¿Se pueden obrar esta clase de señales y vivir una vida desajustada a la voluntad de Dios? Claro, porque dichos prodigios se hacen en el nombre del Señor. En el versículo que hoy meditamos resalta la utilización en tres ocasiones de la expresión o la frase “en tu nombre” para referirse al origen de las manifestaciones poderosas.

Se puede profetizar, se pueden echar fuera demonios y se pueden hacer muchos milagros porque se invoca el nombre de Cristo, pero en absoluto eso garantiza el ingreso al reino de los cielos porque la salvación no consiste sólo en esta clase de acciones, que la apoya, sí, pero no necesariamente la define.

Con estas palabras que están casi al final del Sermón de la montaña, Jesús quiso advertir a sus seguidores de aquellos días y a nosotros varias cosas interesantes: 1. El poder de su nombre. 2. La utilización de su nombre. 3. El uso sin la motivación adecuada de su nombre y 4. La aparición de hombres y mujeres con apariencia de espiritualidad, pero en realidad engañaban y se engañaban así mismos.

Cristo quiso dejar claramente establecido el tamaño del error en que podrían incurrir ciertas personas al basar su vida espiritual exclusivamente en lo sobrenatural llevándose para sí la gloria que le pertenece únicamente a Dios. Es tal vez un poco la idea que uno recibe en la enseñanza de Elías en el monte Horeb donde Dios se presentó en el apacible silbido del viento y no necesariamente en el terremoto.

Bienvenida la profecía, la expulsión de demonios y muchos milagros, pero siempre con una vida ajustada a la piedad y la humildad por ser instrumentos de poder en las manos de Dios. Pongamos en duda no a la profecía, ni la expulsión de demonios, ni los muchos milagros (Dios nos libre de semejante incredulidad), pero si en los hombres y mujeres cuyas vidas están muy lejos de la humildad y sencillez que implica ser un servidor de Cristo que obra esta clase de portentos.

Aquel día ellos descubrirán que su conducta y motivaciones serán por lo que Dios los apartará de su presencia y todos los prodigios ejecutados no servirán para ingresar al reino de los cielos.

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