Volverá del cielo

Dice la Biblia en Hechos 1:11

“…Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”

Después de la resurrección Jesús estuvo con sus discípulos cuarenta días más. Los dejó unos días antes de la celebración del Pentecostés. Por cinco semanas completas les confirmó lo que les había enseñado a lo largo de tres años de ministerio y llegado el momento, se despidió de ellos de una manera inusual: fue llevado al cielo rompiendo la ley de la gravedad, ascendió.

Ese momento fue capturado por la formidable pluma de Lucas, el médico amado, colaborador de Pablo y el primer historiador de la iglesia cristiana, quien en el libro de los Hechos retrata nítidamente ese momento. Azorados los apóstoles vieron como Jesús iba desapareciendo de su vista poco a poco ocultado por una nube.

A diferencia de su muerte en la cruz, su ascensión tomó por sorpresa a sus seguidores quienes se entristecieron de nueva cuenta por la nueva separación. Pensaron que ahora sí la despedida era definitiva, que nunca más lo volverían a ver y que de nueva cuenta habían quedado solos y olvidados.

Por eso, Dios tuvo que enviar a dos ángeles para consolar su atribulado corazón. En efecto Jesús se había ido al cielo. Eso era innegable. Físicamente ya no estaría con ellos, pero les garantizó que Él vendría de nueva cuenta y agregó algo más: vendría del cielo de manera visible al igual que como se había ido.

Y esa es la esperanza que alimentó a los doce y a toda la cristiandad y alienta a los creyentes de este siglo. Él volverá y todos le veremos cara a cara. Nuestro corazón no debe desmayar ni debe desalentarse ante las dificultades que tenemos en este mundo. Todo lo contrario su retorno debe ser nuestro aliciente.

Cuando Él vuelva debe encontrarnos haciendo su obra. Debe tomarnos ese día anhelando su retorno. Ese será un día muy especial porque conoceremos a quien tantos bienes nos ha dado y estoy seguro que caeremos rendidos a sus pies debido a su santa presencia y entonces oiremos su dulce voz diciendo: Bien siervo fiel, en lo poco me has sido fiel sobre lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.

Él se fue al cielo, pero del cielo ha de volver. Esa es la esperanza que alimenta nuestra alma día a día.

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