Dios volviéndose a nosotros

Dice la Biblia en Lamentaciones 5: 21

“Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio.”

El profeta Jeremías escribió el libro de las Lamentaciones, que es una endecha, al contemplar su amada ciudad de Jerusalén destruida y destrozada por los babilonios que no conformes con saquear sus riquezas, matar a cientos de judíos, la incendiaron y dejaron en condiciones miserables.

Jeremías había una y otra vez por muchos años pidió a los hebreos cambiar de actitud para apaciguar la ira del Señor que comenzaba a anticipar su castigo para su pueblo ante los pecados y la instalación de una vida licenciosa, sin respeto y límites a la moral, pero no obtuvo ninguna respuesta y el juicio de Dios vino sobre su nación.

El libro termina con dos súplicas: 1. Que Dios volviera a ellos, para que ellos pudieran regresar a él y 2. Que renovara sus días como al principio. Jeremías estaba consciente que Dios se había apartado de ellos y como consecuencia sus enemigos los habían derrotado fácilmente. Dios se había separado de ellos y habían quedado a merced de sus adversario que fueron implacables.

Pero también el profeta sabía perfectamente que la adoración sincera y de todo corazón que David había enseñado al pueblo poco a poco se había ido perdiendo y en Israel poco a poco se fue instalando una adoración externa donde lo importante era cumplir con rituales y reglas sin importar si se hacía con integridad. Por eso necesitaban ser renovados.

Jeremías conocía que el apartamiento de Dios hacia su pueblo y una adoración costumbrista o mecánica era un perfecto coctel para la destrucción y desolación del pueblo de Dios. Cuando Dios se aleja y cuando su pueblo le adora sin sentir la adoración esta al borde del precipicio y es necesario cambiar de actitud urgentemente.

Solo de esa manera se puede reconstruir la vida espiritual. Dios volviéndose a nosotros y nosotros volviéndonos a Dios y renovando nuestros votos hacia él hacen posible un cambio vertiginoso y benéfico para quienes han perdido la dirección o se han extraviado a causa del pecado. Dios siempre quiere manifestarse a su pueblo, solo que a veces su pueblo ha cerrado sus oídos.

Jeremías quería ver de nueva cuenta su cuidad floreciendo, pero para florecer era necesario que Dios volviera a ocupar el primer lugar, como también en nuestras vidas, Dios siempre necesita ser nuestra prioridad. Al pueblo de Israel su autosuficiencia lo llevó a la debacle, Dios nos libre de semejante actitud.

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