Dios quiere todo de nosotros

Dice la Biblia en Salmos 103: 22

“Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío. Bendice alma mía, a Jehová.”

Me gusta la manera en que la versión Nueva Traducción Viviente traduce este texto: “Alabe al Señor todo lo que él ha creado, todo lo que hay en su reino. Que todo lo que soy, alabe al Señor.” Porque nos permite comprender mejor el sentido con el que el salmo ciento tres cierra su composición.

La expresión “todo” es el hilo conductor del texto: Deben alabar a Dios “todos”, en “todo” lugar y con “todo” su ser. El salmista quiere recordarnos que la adoración a Dios por su compasión y bondad infinita requiere y exige una respuesta contundente de nuestra parte. La reciprocidad ante tantos y tantos beneficios recibidos no puede ser menor.

Todas sus obras deben rendir exaltación y en realidad todas lo hacen. La creación tributa a Dios día y noche alabanza a su Creador. Los cielos cuentan su gloria diariamente y el firmamento anuncia noche a noche la obra de sus manos. La creación completa cumple a cabalidad con esta encomienda. Sólo el ser humano es el que falla porque en muchas ocasiones olvida su misión.

Hombres y mujeres formamos parte de su creación y debemos adorarlo siempre con todo nuestro corazón.

Bendecir a Dios debe, además, hacerse en todo lugar. En la casa, en el trabajo, en la calle y donde quiera que vayamos y de manera especial en la iglesia. La iglesia nos concentra a todos los salvados para ensalzar el único nombre que es digno de recibir toda la alabanza y adoración por sus hechos portentosos.

Pero también, Dios demanda que lo hagamos con todo nuestro ser. Al rendirle honor, nuestro Señor nos pide que lo hagamos con todo lo que somos. En otras palabras nos demanda una adoración incondicional, sin reservas, entronizándolo a Él como el Señor del cielo y de la tierra en nuestras vidas.

Dios quiere que lo alaben todos, en todo lugar y con todo su corazón que puede parecer una exigencia extrema, pero los beneficios recibidos de Él hacen que sus peticiones sean sencillas porque nos ha dado tantos bienes y beneficios que con nada podremos pagarlo, ni adorándolo con todo nuestro ser, en todo lugar y con toda su creación.

La gratitud es el motor para adorar a Dios de esta manera.

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