La victoria contra la ansiedad

Dice la Biblia en Mateo 6:25-34

25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.  30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

Introducción

En la búsqueda del sustento diario existen dos puntos extremos: los que no hacen nada por ellos y dedican su tiempo a la ociosidad y los otros que trabajan como si el trabajo fuera lo único que existiera y dedican la mayor parte de su vida a acumular riquezas que tal vez nunca disfrutarán.

Jesús pidió a sus seguidores una actitud distinta. Les pidió dejar a un lado el afán y la ansiedad para conseguir su sustento. Por el contexto inmediato podemos comprender que les pidió evitar el afán para enriquecerse y buscar el reino de los cielos confiando cabalmente en la provisión divina.

Desde siempre los seres humanos se han preocupado por su comida, bebida y vestimenta. La cultura judía se maneja en estándares donde el trabajo es el único medio para superar las carencias e indiscutiblemente esta filosofía de vida se opone a la relajación u ociosidad porque los considera males.

Una de las enseñanzas que Jesús encargó vigorosamente a sus discípulos fue la confianza en Dios para atender las necesidades materiales de sus seguidores. Las necesidades básicas las resumió en tres partes: a) comida, b) bebida e c) vestido. De acuerdo a Jesús esas son las necesidades apremiantes.

Ante estas reales y necesarias carencias, Jesús planteó la confianza en él para proveerlas lo hizo con dos sencillos ejemplos o parábolas:

I. Las aves del cielo
A. Que no siembran
B. Que no cosechan
C. Que no recogen en graneros

II. Los lirios del campo
A. Que no trabajan
B. Que no hilan

I. Las aves del cielo

Las aves del cielo son alimentadas directamente por Dios. Es un ejemplo contundente para enseñarnos a confiar en el cuidado de Dios. El Señor hace que estos indefensos y delicados seres vivos accedan a su comida de una manera muy especial: solo tienen que buscarla en árboles y en la tierra y allí siempre la encontrarán.

A la par de este ejemplo Jesús lanza una demoledora interrogante: ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Para resaltar el compromiso que Dios asume con dos de las necesidades que más nos afanan en esta vida: qué comer y qué beber. Dios se está comprometiendo con sus seguidores para atender estas necesidades.

Y también lanza una pregunta que merece especial atención: ¿Quién de vosotros podrá por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Con esta interrogante Jesús plantea una verdad dolorosa, mucha gente a pesar de que se afane no podrá aumentar su riqueza.

II. Los lirios del campo

El segundo ejemplo tiene relación directa con la necesidad de vestidos o ropa. Jesús recurre a un ejemplo sencillo: el de los lirios del campo. Los lirios no trabajan ni tampoco hilan, pero alcanza una belleza que asombra a todos por los colores que combinan, por las tonalidades que alcanzan y por lo agradable que resultan al sentido de la vista.

Jesús pregunta: ¿No hará mucho más a vosotros hombres de poca fe? Y la respuesta es: ¡Claro, por supuesto! Y eso enciende nuestro corazón para confiar en él que si tiene cuidado de plantas que se secarán y serán quemadas cuánto más tendrá cuidado de cada uno de nosotros.

Estos dos ejemplos los presenta Jesús, luego de la parábola de los dos amos o de la enseñanza de que no se puede servir a Dios y a las riquezas y tiene como objetivo central destruir el afán y la ansiedad en sus seguidores.

Por eso la conclusión de estos dos ejemplos es: No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

La palabra griega para “afán” es la raíz “merimnaó” que se traduce como ansioso y distraído. El afán es ansiedad que distrae.

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