El cuidado de las ofrendas

Dice la Biblia en Génesis 15: 11

“Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos y Abram las ahuyentaba.”

Dios hizo un pacto con Abraham que incluía dos promesas sustanciales: 1. Que tendría un hijo (algo que Abraham consideraba complicado y difícil porque era anciano al igual que su esposa Sara, quien además era estéril). Y 2. Que le daría la tierra de Canaán a sus descendientes. (Algo todavía más complejo porque eran miles de kilómetros cuadrados habitados).

Para sellar el pacto Dios le pidió que le ofreciera algunos sacrificios: una becerra de tres años, una cabra de tres años y un carnero de tres años, una tórtola también y un palomino. Abraham obedeció y partió por la mitad la becerra, la cabra y el carnero. Las aves las dejó completas y las coloco frente a frente.

Abraham pensó que una vez puestos los sacrificios, el Señor descendería y los consumiría o una vez vistos la ceremonia habría terminado y Dios se habría dado por servido al ver la obediencia de Abraham, pero en lugar de eso lo que llegaron al lugar fueron aves de rapiña que amenazaban con comerse la ofrenda del patriarca.

Entonces, Abraham comenzó ahuyentar las aves de rapiña. Aquí la gran fe de nuestro padre Abraham. En lugar de desesperarse por que su ofrenda no había sido tomada inmediatamente, la cuidó y la protegió para que el Señor la recibiera. En medio del desierto con un clima extremoso, espantaba a quienes querían destruir la ofrenda.

La enseñanza de Abraham es muy importante. Nuestra ofrenda a Dios la debemos cuidar. Él pudo haberla dejado allí y darse la vuelta, pero la resguardó hasta estar seguro que Dios la había recibido y así estuvo por horas. Y actuó así porque no era una ofrenda cualquiera. Era una ofrenda que confirmaba el pacto con sus descendientes.

Finalmente Dios la recibió y entonces Abraham pudo descansar y también estar seguro que las dos promesas que Dios le dio fueron confirmadas. Como en efecto ocurrió hoy miles de años después de esa promesa, el pueblo de Israel se fundó y habita en la tierra que Dios le prometió al padre de la fe.

Las promesas de Dios son exactamente así: demandan paciencia, calma y saber esperar. No siempre vienen inmediatamente y es necesario hacer un esfuerzo extra. Pero sobre todo es sumamente indispensable “ahuyentar” todo aquello que nos las quiere robar.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: