Manejo del enojo

Dice la Biblia en Proverbios 12: 16

“El necio al punto da a conocer su ira; más el que no hace caso de la injuria es prudente.”

La ira o el enojo es una emoción con la que nacemos todos los seres humanos. Su control o dominio hacen de las personas sensatas o prudentes. Su mal manejo o su desmedido gobierno en la vida de los seres humanos les suele jugar muy, pero muy, malos momentos que pueden dañar severamente sus relaciones humanas.

Salomón menciona aquí a las personas que hacen visible o muestran su enojo de inmediato en cuanto algo les incómoda o les molesta Esa clase de personas el proverbista les llama necios o insensatos porque son incapaces de guardar su ira por un momento, tranquilizarse y pensar mejor las cosas.

El contraste que hace el autor de los Proverbios con esta clase de individuos sirve para presentar a los prudentes como todos aquellos que ante una injuria o ante un acto que les hace enojar, en lugar de manifestar de inmediato o rápidamente su enojo la ignoran o la dejan pasar por alto y hacen caso omiso de ella.

Los prudentes o sensatos o sabios reciben una ofensa y guardan discreción. No es que no se enojen. Sencillamente procesan rápido esa emoción y la pasan por alto ahorrándose perdida de tiempo, dolores de cabeza por decir o hacer cosas de las cuales después se arrepentirán y por supuesto desgaste emocional innecesario.

El enojo o más bien el manejo del enojo nos sitúa en dos extremos. O somos necios por dejarnos arrastrar por él o somos prudentes cuando sabemos manejar una emoción con la que nacemos y morimos y que está allí agazapada dispuesta a saltar para dañar a otros y dañarnos a nosotros mismos.

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