Un lugar en el cielo

Dice la Biblia en Juan 14: 2

“…voy, pues, a preparar lugar para vosotros.”

Jesús se fue al cielo con una sola misión: preparar un lugar para cada uno de sus seguidores.

Cuando dijo estas palabras su ministerio terrenal se encontraba en su cenit de popularidad. Multitudes ya lo seguían, algunos plenamente convencidos, pero muchos otros por el interés de que el Mesías restauraría el reino a Israel que por esos días padecía el yugo romano que los mantenía sí en su tierra, pero dominados.

Parecía que la liberación y la libertad estaban a la vuelta de la esquina, pero no. La verdadera libertad y la verdadera vida estaban muy lejos de esta tierra. La felicidad esta anclada en la vida eterna.

En medio del anhelo de liberación, Jesús les enseña a sus discípulos y nos enseña a nosotros que esta tierra no es el destino final de nuestras vidas. Como no fue el destino final de Jesús. La tierra o nuestro peregrinar por este mundo es transitorio. Hay algo superior, inmensamente más grande que esta vida, en la que por más bien que nos vaya nunca será nuestra casa.

Las palabras de Jesús son alentadoras porque Él ha ido al cielo para preparar un lugar para nosotros. Es interesante notar que la palabra “preparar” tiene una estrecha relación con alguien que sabe que tendrá invitados y los quiere hacer sentir en su casa y sí, Jesús nos ha preparado casa en el cielo.

El volverá para llevarnos de regreso a la casa del Padre. A las mansiones de luz donde mora la justicia y la verdad. Donde no habrá más tristeza ni más dolor. Donde se enjugará toda lagrima de los que sufren.

Los preparativos los comenzó hace dos mil años. Es inimaginable lo que nos espera cuando lleguemos a ese lugar.

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