Profecías engañosas

Dice la Biblia en Lamentaciones 2:14

“Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.”

La destrucción de Jerusalén en el año 584, aproximadamente, y el posterior cautiverio a Babilonia tuvo como origen primordial o razón principal la proliferación de falsos profetas en el pueblo de Israel que extraviaron al pueblo de Dios y lo condujeron a una vida lejos del temor del Señor.

Jeremías, el profeta que Dios llamó a su servicio desde joven y que se resistió porque sabía perfectamente del tamaño de la encomienda y lo enorme de la responsabilidad, escribió el libro de las Lamentaciones en forma de elegía o canto fúnebre para resaltar lo ocurrido a la nación hebrea que se apartó por completo de su Dios.

En su escrito, el vidente de Dios establece con toda claridad la responsabilidad o irresponsabilidad de los profetas contemporáneos suyos al engañar a los judíos con sus anuncios sobre un futuro promisorio y lleno de bendición, a pesar de que su conducta era de lo más impía y alejada de la ley del Señor.

Jeremías acusa a estos temerarios hombres de Israel por lo menos de tres cosas: 1. Vieron vanidad y locura. 2. No descubrieron o denunciaron el pecado y 3. Predicaron vanas profecías y extravíos. Él lo hizo siempre. Por décadas denunció a esta clase de personajes, pero fue censurado y hasta perseguido por hacerles ver su error.

Los señalaba porque veían vanidad y locura, algunas otras versiones dicen: “te ofrecían visiones falsas y engañosas” con lo que comprendemos más claramente la clase de anuncios que hacían. Sus oráculos eran un completo fraude. En realidad hablaban por ellos mismo y porque Dios los hubiera enviado.

El error más grave de ellos y del pueblo de Israel es que a pesar de la evidente descomposición moral y social del pueblo ellos no lo señalaban ni lo denunciaban, al contrario convalidaban conductas alejadas a la voluntad de Dios y con ello dañaban terriblemente la relación entre Dios y su pueblo.

Por el contrario, los falsos profetas de los tiempos de Jeremías predicaron vanas profecías y extravíos, es decir anunciaban visiones falsas y seductoras, que hacían pensar al pueblo judío que todo marchaba bien y que Dios no tenía ninguna querella contra ellos, cuando en realidad era todo lo contrario.

Las consecuencias de esta clase de hombres que llamados por Dios a una vocación tan santa se desviaron grandemente fue la destrucción de Jerusalén y el cautiverio babilónico.

La lección es ejemplar y terrorífica: los falsos profetas destruyen no construyen. Los falsos profetas engañan y manipulan. Los falsos profetas no denuncian el pecado, lo toleran y a veces hasta lo promueven. Los falsos profetas endulzan los oídos de los pecadores en lugar de conducirlos al arrepentimiento. Los falsos profetas juegan con fuego y dañan a quienes les oyen.

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