Padre de las luces

Dice la Biblia en Santiago 1: 17

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Soren Kierkegaard, el padre del existencialismo escribió un texto llamado “Carta a mi padre” en el que a manera de catarsis o desahogo de su ser deshilvana lo conflictivo que resultó su relación con su padre. La figura paternal para este escritor fue compleja y en su escrito descarga todos sus sentimientos.

Es un hecho cierto que una de las relaciones más complicadas que los seres humanos pueden tener es con su progenitor. En algunos casos ausente desde la concepción misma de la vida, otra veces presente, pero con una relación tirante y a veces violenta por sus adicciones y en otros casos como padre amoroso.

Santiago escribe su carta y define a Dios como el Padre de las luces.

La traducción al lengua actual nos presente este verso así: Dios nunca cambia. Fue Dios quien creó todas las estrellas del cielo, y es quien nos da todo lo bueno y todo lo perfecto.” Mientras que la Nueva Versión Internacional así:  ”Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras.”

El Padre de las luces o el Padre que creó el sol, la luna y las estrellas se presenta en dos maneras: 1. Como un padre que ofrece dádivas y dones a sus hijos y 2. Que no cambia ni varía, es decir que se mantiene constante y fiel siempre.

Santiago quiere hacer una diferencia clara entre los padres humanos y el Padre celestial. Los padres humanos son a veces egoístas y sólo piensan en ellos y de repente cambian de humor o estado de ánimo. Pero Dios no es así. Nuestro buen Padre del cielo es bueno siempre y en todo momento.

El Padre del cielo nos sustenta. Es fuerte y poderoso. Es inmensamente más grande que el sol, la luna y las estrellas y condesciende con sus hijos mostrándoles su bondad con dones y regales y manteniéndose invariable en su amor y compasión. Ese es el Padre que tenemos y que nos llena de gozo siempre.

Ante la falta de un padre, podemos voltear al cielo y allí encontraremos siempre al Padre nuestro.

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